domingo, 19 de diciembre de 2010

PERO NO LO LOGRÉ.



Quise hacer lo mismo que Ricardito Alfonsín, que usa los trajes de su padre y se sienta en el sillón donde lo hacia Ricardo para absorber su energía y de ese modo poder ser lo que el ex presidente por momentos fue, un gran mandatario, poniéndome la ropa de laburo de mi viejo, y de ese modo poder ser lo que toda su vida fue, un gran laburante, pero como Ricardito no lo logré.
Debo admitir que le puse onda al tema, yo quería darles a mis viejos una satisfacción. No es que dentro mío no existiera la culpa o la responsabilidad, no. Dentro de mí había algo superior. Algo que no podía dominar. Un agotamiento ancestral. Pero un día supe que era. Llegué a la conclusión de que este servidor era el cansancio de mi padre y de mi madre hecho carne. Yo no tenía la culpa.
Pero aún así no me di por vencido. Entonces fue que quise hacer lo mismo que la Carrió, que a todas las embajadas repartió sobres con misivas alertando a todos los países que el caos y la perdición una vez mas llegarían a la Argentina, como castigo y reprimenda por los pecados estatizadores cometidos, repartiendo también a diferentes empresas de mi ciudad, sobres con mi curriculum vitae en forma de misiva y así de esa manera poder conseguir un trabajo digno para salir de una buena vez y por todas del caos y la perdición en la cual vivo, pero como a la Carrió nadie me creyó.
Entonces fue que como por decantación llegó a mi vida la actividad artística. Y cuando digo por decantación no es que quiero decir que todos los artistas sean unos vagos, de ninguna manera. El tema es que los vagos suelen tener el espíritu predispuesto a la meditación y al ocio. Luego vendrá el interés por hacer que ese ocio y esa meditación sean volcados hacia la creatividad. Los otros elegirán seguramente la política. Digo, solo por dar un ejemplo boludo. Ejem.
No fui político. El arte me abrazo como un oso lo haría, y entonces las actividades de ese tenor fueron mi rutina diaria durante un largo período de mi interesante vida. Inclusive hasta el día de hoy paseo mi humanidad por diferentes escenarios. Cámaras, flashes, retratos, aplausos. Y recuerdo como si fuera hoy, cuando fui convocado para integrar el staff de esta reconocida publicación. Mes a mes mis aguafuertes como pinturas reflejaron la idiosincrasia del venadense tipo para beneplácito de muchos y bronca de otros. Fui reconocido, alabado, pero también criticado por los poderosos de turno, que veían en este personaje a un desestabilizador populista y justiciero.
Y entonces fue que en cierta ocasión, mi conciencia se apersonó ante mi en forma de sueño y me aconsejo que hiciese como luisito Barrionuevo, que en cierta oportunidad declaró a la prensa independiente, como así también a la militante de mi país (cual es cual queda a consideración del inteligente lector de esta popular revista) que para que esta nación saliera de una buena vez de su atolladero, había que dejar de robar al menos por dos años, tratando de no escribir al menos por dos meses en las páginas centrales de la publicación que en este mismo momento usted está leyendo y dejar así de esa manera de robar por un tiempito con mis temas aburridos y recurrentes, pero como luisito no lo logré.