martes, 15 de mayo de 2012

¡FELIZ CUMPLE MI CIUDAD!

Venado Tuerto, mi ciudad, ha cumplido un aniversario más de vida. Ciento y pico de años desde que fue fundada. Bah, desde que alguien decidió comprar estos venditos campos y luego revenderlos previa expulsión de cualquier habitante original o no, sin quizás saber ni tener en cuenta a ninguna ciudad posterior, y mucho menos a nosotros, sus actuales ciudadanos. Porque fué así, digo, no hubo ningún Juan de Garay por estos pagos. No hubo acto alguno ni corte de cinta. La cosa fue inventada luego. Digo, la fecha de fundación, el mito de inspiración y la Marcha de Cayetano. Ciani, Coria, Cibelli, el Jota Morelli y algunos otros conspicuos coterráneos surgieron luego con el tiempo, casi como obligados. Y usted, avispado lector de la página mas popular y graciosa de este suelo, se preguntará que mierda le sucede a este payaso mediático que hoy se le nota aún más que comunmente su resentimiento y bronca. Y este payaso le contesta que él también se siente venadense, y quizás lo es más que muchos de los anteriormente nombrados y ni hablar de otros mas todavía citados en el Informe diario, diariamente, y que en muchos casos no son nacidos en esta tierra y ni siquiera quieren aquerenciarse aqui por prurito o verguenza y que cuando vienen las benditas elecciónes parten sin miramientos a cumplir su deber cívico a sus localidades y/o ciudades de origen. Y entonces este humilde trabajador de la cultura, el arte y el deporte se pregunte tal vez con razón, que es lo que tiene que hacer para que desde los entes que corresponden lo tengan en cuenta como a otros tantos que ni siquiera han querido ser adoptados como venadenses, en contraposición a este que desde su nacimiento a tenido que soportar absolutamente todos los avatares que esta localidad del sur de Santa Fe, llamada la Esmeralda del sur a sufrido o generado en contra de si misma. Otro cumpleaños más que este luchador de la ironía, el humor y el sentido común no ha sido convocado para engalanar y nivelar para arriba con su presencia el acto oficial de festejo en ya no se que plaza del lugar. ¿Tiene que correr turismo de carretera Abrojo para que cuelguen su imagen en la galería de los notables? ¿Tiene que criticar en un libro de história a los indios? ¿Tiene que agarrar la raqueta de tenis y llegar a la final de Rolland Garros, perderla y hacer a brindar a los parroquianos de cualquier bar céntrico con champaña antes de que el partido termine? ¿Tiene que inventar la vacuna contra la envidia venadense en una Universidad de EEUU para ser tenido en cuenta? ¿Tiene que tocar la batería con Arjona? ¿Tiene que fundir un banco?¿Tiene que pegarle a un agente de tránsito? ¿Tiene que fumigar con glifo las cabezas de sus conciudadanos? ¿Tiene que opinar en la radio que todo es una mierda y que hay que matarlos a todos? ¿Tiene que estar en contra de los feriados puentes para que lo consideren un buen ciudadano? ¿Tiene que fundar un diario y desde allí pelearse con todo el mundo? ¿Tiene que presidir un club de fútbol y participar del Argentino B para que lo consideren un igual? ¿Tiene que fabicar motocicletas y traer a Cristina? ¿Tiene que procurarse un enorme manojo de llaves y agitarlos de aqui para allá en canal 12? ¿Tiene que ser elegido concejal, pelearse con sus compañeros, correligionarios, camaradas de sector y cambiarse al partido opositor para ser tenido como un referente de su ciudad? Venado Tuerto cumplió un año más y aún nos queda mucho por hacer y mejorar. Los festejos no fueron grandes esta vez. La torta es chica.

domingo, 6 de mayo de 2012

Mi TRANSGRESIÓN.

Jamás imaginé que algo así fuera a sucederme. Y ésta es la explicación correspondiente a la oración anterior. Desde adolescente ya, digamos en mitad de septimo grado, comencé a descubrir por mí mismo, que la vida no era tal cual mis padres me la habían descripto. Empecé a sospechar que esa magia que representaban figuras tales como Papa Noél, los Reyes Magos, el niño Diós, el Repollo, la CigÜeña, el Cielo y hasta el Cuco y el pecado, habían sido solo -nada menos- meras ilusiónes o amenazas, pergeñadas por los mayores con el solo objeto de introducirme dentro del sistema, mediante su represor método educativo, tal como éstas sociedades occidentales, católicas y capitalistas lo imponen. No tengo que explicar que sufrí una gran decepción. Inmediatamente, ingresando ya en el secundario, mi odio se fue transformando en rebeldía militante y fuí por los caminos transgrediendo todo lo impuesto por la sociedad. Del pelo largo pasé a la cresta puntiaguda, escupiendo a todo aquel que se me interpusiera en mi camino. Poblé mis brazos con todo tipo de tatuajes causando desagrado y temor en todos los que me rodeaban. Llené mi cuerpo de agujeros, dentro de los que deposité toda clase de aros y piercings, autoflagelándome a mas no poder. Amaba a Bukovsky. No me perdía ningún programa de Pergolini. Cuándo en el colegio logré con satisfacción, sobrepasar el tope de amonestaciónes permitidas por estas entidades de educación secundaria, tras un escándalo por mí protagonizado, luego de haber arrojado en el salón, ocho bombitas de olor y por lo tanto haber sufrido este servidor, la expulsión de dicha institución educativa, fué que calcé una mochila en mi espalda y cuál transhumante de los caminos, los recorrí sin detenerme a pensar que idioma hablaban sus habitantes o de que color eran sus pieles. Eso era libertad. Las mujeres eran para mí sólo un mero acto sexual. Las agarraba para joda. Innumerables fueron las veces en que la autoridad echó sobre mi sus perros guardianes, tratando de impedir que mis blasfemias hacia el gobierno de turno se llevaran a cabo o llegaran a destino. Era un anarquista en potencia. Temíanme. Alcohol, drogas, sexo, vida al borde del abismo, velocidad sin miramientos. Cuantas veces me han visto horrorizados feligreses, ingresar a misa de ocho, borracho, al grito de: "¡Diós no existe!" Pero jamás imaginé que algo así fuera a sucederme. Y fué un miércoles cerca del mediodía. Recién levantado, montado sobre mi DK 125, dirigíame esa mañana más veloz que un rayo, hacia el centro de la ciudad, a causar mis típicos desmánes. Era un dia ideal para tales manifestaciónes, ya que el sol, que detesto tanto, se expresaba con total libertad. Mis ojos irritados observaron un cercano semáforo con luz verde. Aminoré la velocidad midiendo la distancia para agarrarlo cuando el rojo estuviera en su plenitud. Y sucedió que al mirar sobre mi hombro, al costado mío, una señora en bicicleta con un pequeño detrás, un niño en patineta, un señor a bordo de un BMW, imitaron mi loca maniobra. Se equivocaron, pensé. Seguí mi mortal viaje doblando a contramano una esquina poblada de automóviles. Y otra vez para mi sorpresa, distintos vehículos giraron como yo, como a propósito digamos, en dirección no debida, subiendo algunos, como sacados por sobre las veredas, atropellando a cuánto transeúnte se les atravesare. ¿Que mierda era lo que pasaba? Porque no solamente el gentío era el que no acataba las leyes de tránsito, sino que además, al pasar haciendo willy por una escuela pública primaria, descubrí como los niños apedreaban las ventanas de la misma y conjuntamente con sus propias madres, castigaban a puño cerrado a unas cuántas maestras de la institución, mientras que un grupo de jubilados ataban a tres o cuatro inspectóres de tránsito con el objetivo serio de incinerarlos en público. Al seguir mi loca carrera por las, a esa altura, extrañas calles de una ciudad transformada, y debo reconocerlo, tratando de huír hacia los arrabales, casi sin quererlo, ví como unos cuantos ciudadanos enfervorizados, tomaban la municipalidad local al grito de : "¡El poder es de quién lo tome, abajo cualquier tipo de autoridad!" Pero lo que más llegó a transtornar mi intendimiento y mi capacidad de comprensión, fue cuando ya en la ruta, vi con mis propios ojos, como éstas eran atravezadas por diferentes bólidos agrarios en forma de piquetes. Ese creo fue el detonante. Ahí fué que me decidí. ¿Como podía ser que todos actuaran desobedeciéndo, rompiendo, no acatando? Si hay una cosa que no soporto, es no ser original. Es por eso, solamente, que he tomado esta decisión. Ya no seré el que transgreda. Me he quitado los aros. He peinado mi cabello con gel. Me he puesto un traje de un color gris triste. Tapo mis tatuajes con camisas de mangas largas. Me he calzado en los piés un par de mocasines negros. Trabajo en una sucursal de una institución bancaria. Soy oficialista. Esta es mi última genialidad. No transgredir es mi transgresión.