sábado, 19 de marzo de 2011

LA OTRA NOCHE


Corría el año 1995 y el por ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde se aprestaba a reducir la noche hasta las cuatro. El objetivo era salvaguardar a los jóvenes de la droga, el alcohol y el libre albedrío. Proponía volver a los bailes familiares en clubes de barrio.
Temeroso que esa ola santificadora llegara a mi ciudad una noche oscura vomité lo siguiente:


Me pasó que volviendo, la otra noche, de algún lugar, creo, poseído, envuelto, turbio, burbujeante casi hasta el hartazgo, domingo ya, caminando, me encontré en el medio de una inmensa avenida, nos encontramos también diría, por esas cosas del Ser y del Yo, tan monstruosamente solo, solos, demasiado despierto, lúcido, sin nada por hacer más que irse a dormir y la policía tan cerca y nosotros tan sospechados de vida, de ganas, buscando un segundo más, exprimiendo la noche hasta mas no poder.
¡Ay! Tan solo y vos no estabas. ¿Dónde estarías? ¿Dónde? En que sitios, quizás tan idénticos a estos. Encierro, nada, sequía o como Cortázar dijera tan acertado: “café con leche”. O como Marcelo: “reloj despertador”. Y digo también: “té con limón”, “misa de ocho”, “naranja pintada”.
¿Hay alguien por ahí? ¿No seremos parias de la noche? Lo prefiero a ser paria del día.
Cuando solo quedan semáforos amarillos, titilantemante exactos.
Tic. Tic. Tic: precaución.
¿Qué quieren? ¿Quieren más? ¿Dónde van? ¿Buscando qué?
Y la noche se apagaba tristemente, ignorada, inadvertida, desubicada. Se apaga desde el conurbano bonaerense, lentamente, moribunda desfallece en un largo, interminable y eterno día gris.
Impacientes esperamos, ansiosos, la próxima por venir, la otra noche, la que viene, para renacer, sin haber muerto, casi, de día.

lunes, 14 de marzo de 2011

TOTAL REPULSION



-Se va todo a la puta que lo parió. Total después todo se va a la mierda -dijo y se subió a un colectivo que iba para el norte. Y decir el norte era como decir nada o todo. Porque en realidad no importaba el destino, o si, pero la cuestión era salirse, escapar, no tener mas presencia en esa ausencia en la que había sobrevivido a diario. Ese permanecer durando, sin sentido y sin sentir en el que había languidecido durante un largo tiempo luego de una ruptura traumática e hincha pelotas como la que había experimentado. Vivir una ruptura no era cómodo. Y mucho menos para el, que siempre se había atado a todo lo que se le acercaba. Esa manía de querer apoderarse del mundo si hubiese sido posible, casi al instante mismo del contacto corporal, visual, auditivo, olfativo y ni hablemos si las papilas gustativas lograban reconocer algún sabor gustoso. Se apegaba a las cosas tanto como a los seres de una manera casi enfermiza. Y mientras se iba miraba por la ventanilla del transporte de pasajeros de larga distancia a las personas que caminaban por las veredas de las ciudades y pueblitos que dejaba atrás y deteniéndose particularmente en alguna chica sentada en algún umbral, inmediatamente le surgía una nostalgia infinita, pretérita, casi empalagosa. Un peso en el pecho por lo que no iba a ser nunca. Por lo que podría haber sido. Por la finitud y la inmensidad del ser humano. Sus amigos resumían todo con un término que el odiaba. Calentón le decían. Pero no era una mera calentura. En el funcionaba una maquinaria dificil de testear. Nadie, solo el, podia analizar, a veces, semejante complejidad. Analizar era el termino. Y lo hacia, efectivamente, pero con resultados que muchas veces, por no decir todas, atentaban contra su salud mental. Y en realidad un poco al loco jugaba. No le disgustaba la imagen. Pero el estereotipo lo ponia en evidencia. Se le notaba en seguida nomas la mentira. La gente que lo rodeaba ya no le creia. Y la mas cercana, es decir aquella que por un tiempo habia compartido la cama y sus miserias, menos aún. Entonces ahi fue, de una manera brutal y sencilla, que comprendio lo que tenia que comprender. Nunca iba a patear una pared descalzo ni a comer vidrio. Y menos iba a permitirse que alguien o algo se le pegase como antaño. Y fue quizas por ese motivo que decidió acatar todas las directivas que su psicólogo le habia impuesto. Le habia dicho que de aqui en mas tratara en lo posible de que la gente se le alejara. Que evitara la atracción. Que pusiera en funcionamiento su fuerza centrífuga como centro expulsador. Eso le había dicho. Cuando bajó del colectivo de un saltito sintió como que de su boca algo se desprendia. Miró hacia el piso y vió que era uno de sus dientes. Ya no era un niño como para para que eso le sucediera, pensó en ese instante. Caminó unos pasos. Miró al canillita que estampado contra la pared pedia ayuda con los ojos saltones como queriéndoseles salir. Luedo otro diente se despedia de su boca pero esta vez con mucha mas violencia incrustándosele en el ojo a un pobre perro que al ser por el observado salia como expulsado hacia la ruta. Y de inmediato sucedió que todo de repente comenzó como a escaparle, todo todo. Las árboles, los pájaros, las piedras del camino, las casas, los autos, la gente. Todo se expandia, todo le huia, hacia afuera, rápido y violentamente. Y cuando ya nada habia a su alrededor le llegó el turno a su pobre cuerpo maltratado. Uno a uno sus dientes fueros escapando hacia el sentido contrario de su humanidad. Hacia afuera. Luego fueron sus extremidades, tanto las superiores como las inferiores. Habia quedado arrastrándose como una babosa. No podia creer la situación. No había querido tanto. No se había dado cuenta de su inmenso deseo. Se iba todo para afuera. Ya era solo cabeza, sin cuerpo, casi sin nada. Uno a unos sus cabellos, los pocos que le quedaban fueron también lléndose raudos hacia la nada o hacia el todo, e inclusive bajo semejante presión causada por tal situación el tuvo la capacidad de reflexionar, con lo poco de cerebro que le quedaba sobre semejante experiencia, hasta que fue solo suspiro, alma, inconciente, soplo, espiritu, solo 28 gramos de eso que no se puede asir. Solo. Eso. Y nada mas.