
He llegado a una triste conclusión. Cuando una mina te dice que lo importante es el interior, o es fulera ella o vos son un bicho. Y eso se lo adjudico exclusivamente a la pelotuda frase del Principito,"lo esencial es invisible a los ojos". Cuanto tiempo pase justificando mi fealdad con esa estúpida aseveración. Porque si así fuera, estaría de novio con Pamela Anderson. ¿Cómo puede ser esencial algo que no se toca, no se ve, no se saborea, no se huele y no se oye. Bueno, pero sí de reconocer se trata, la frase dice que lo invisible es lo esencial. Entonces da para que me pregunte: ¿y lo que se escucha? ¿y lo que se saborea? ¿y lo que se huele no? Y si la frase fuera: "lo esencial es inaudible a los oídos", que. O lo esencial es soso. O lo esencial no se huele. ¿No da no? Igualmente siempre sospeché que algo raro sucedía. Todo el tiempo me he preguntado cómo podía ser que los superficiales con auto y dinero tuvieran las mejores minas y yo que era muy rico y hermoso interiormente me tuviera que conformar con mis manos para satisfacer mi lívido. ¿Cómo eso podía sucederme a mí, que me había fumado todos los autores orientales o de esa influencia, habidos y por haber? ¿Cómo podía ser? Si ya me había rapado la cabeza completamente al grito de Hare Krishna en el barrio de Once, si me había metido de cabeza en el barro filosófico del Tao te ching de Lao-Tsé, alcanzando el equilibrio del yin y el yan , si ya había escuchado y leído las enseñanzas de Sai Baba, si la imagen regordeta de Buda estaba repleta de monedas y me había ganado ya a esa altura el Nirvana. Si Osho era mi principal referente a la hora de la sexualidad. Tenía toda la teoría por llevar a la práctica. Si había leído todos los brolis de Kalil Gibran y en especial las enseñanzas del profeta. Si Herman Hesse era mi autor y Siddarta mi libro preferido. Y ni hablemos de Richart Bach y su Juan Salvador Gaviota. A mí no me la podían venir a contar. Siempre me habían impresionado imágenes de la India. Tipos que hacía años estaban detenidos como en el tiempo solo no deseando nada. Tratando de apagar el deseo carnal. Tipos que hacía años que permanecían por ejemplo sentados con una mano en alto, sin actividad ninguna en ella. Era increíble observar la diferencia de grosor de un brazo con el otro por la falta total de actividad de sus músculos. Adivinen que músculo mío era parecido al del brazo en alto del indio meditoso. Años tratando de ser solo presente y no caer en la trampa del pensamiento lateral, ese que te produce la infelicidad sacándote de lo que realmente interesa. Ese pensar en el pasado añorando lo que ya fue o ese pensar el futuro proyectando cosas que jamás llegaremos a cumplir. "Una mente humana es una mente que vaga, y una mente que vaga es una mente infeliz" escuche por ahí que decían. Y mi madre por otro lado que me decía que no solo mi mente era vaga, sino todo mi ser. Y la sociedad toda apuntándome con el dedo por seguir mi objetivo de vida. Pero mi viaje hacia lo interno no podía detenerse. Lo hacía como con violencia, como con bronca. Hambre era. Pero desmedido, voraz. Deglutía ferozmente el alimento anti-superficialidad. No podía parar. Llegue de pronto y para mi sorpresa, a la conclusión de que me había convertido en lo que había querido combatir. Me había transformado en un consumidor del anti consumo. Todo lo que se me cruzaba a modo de publicidad referido a lo que me interesaba lo comía crudo, sin saborear y lo tragaba entero. Películas, videos, libros, audiciones de radio y televisión, sitios de internet, etc., etc., etc. Mi vida interior estaba colmada, llena, amontonada, machacada, bolo alimenticio sin curso natural digestivo, reflujo de orientalidad mal digerida, mal entendida. Provechito. Y el final cantado. ¿Cómo puede ser el epílogo de un desesperado que no puede o no quiere ver la salida? Una bolsa inmensa y dentro todo: "Buda, Jesús, Lennon, Osho, Lao Tsé, Sai Baba, Krishnamurti, Gibran, Exupery, Bach, Coelho, Gandhi, la madre Teresa, Luther King, Pilar Sordo, los dos Stamateas, el rey Momo, y por su puesto Claudio María Dominguez". Una explosión de interioridad increíble por los aires, volando, como papelitos arrojados desde un planeador. Y fue un día, que armando los pedazos de mi ser y como de repente y sin pensarlo demasiado, encontré mi eje, al fin. ¿Cómo no haberlo visto? ¿Qué enceguecía mi visión? ¿Cuál era el velo? Biolcatti tenía razón. La resolución perfecta: Marcelo con show Mach en Bailando por un sueño en un inmenso plasma sesenta pulgadas y a la puta madre que lo parió.