sábado, 25 de septiembre de 2010

LA ESTREPITOSA CAÍDA DE JUAN CARLOS ECHEVERRY.(QUINTA PARTE)


Como arrastrándome. A gatas, rozando el pecho con el asfalto caliente. Como un gato lo haría, sigilosamente y sacando provecho de ese instante de extravío que supe visualizar, gané la calle sin más. Solo tenia como objetivo un circulo gigante de luces girando sobre su eje a lo lejos. Un luminoso parque de diversiones atestado de niños que corrían sin parar, era mi punto de referencia hacia la libertad. Agotado, sin aire y con la cara hinchada, busque un lugar cómodo donde poder descansar de tanto sin sentido. Y entonces en la quinta vuelta de la vuelta al mundo fue que descubrí que también yo había sufrido mi tropezón. ¿Y una paloma?
Durante horas, hundido en mis pensamientos, caminé tratando de recrear, de darle forma a todo lo sucedido. Me parecia demaciado. Solo había querido que el tipo de la novela no muriese, como un deseo tirado al aire, como una bravuconada mas de beodo trasnochado. Habia querido salvarlo y lo habia matado. ¿Estaba este desgraciado ser tambien muerto? ¿Que era la vida? No eran preguntas, ni afirmaciónes. Mucho menos respuestas. Eran solo palabras que fluían de mi boca, inodoras, incoloras e insípidas. Como el agua.
La noticia me conmovió hasta lo amas profundo de mi ser. Un bar. Su correspondiente televisor en blanco y negro. Las noticias de la tardecita. El locutor informando a cerca de un extraño suceso protagonizado por un tal Juan Carlos Echeverry. Informando a cerca de una caída al vacío desde una terraza de un empinado edificio. Y el milagro. El tipo había sobrevivido. Un tal Juan Carlos Echeverry. Ese tal que ahora era reporteado por gritones periodistas y que mirando directo a cámara, directo a mi, decía conmovido que deseaba urgentemente encontrarme para poder abrazar mi humanidad a modo de agradecimiento y para tratar de develar la incognita que tanto carcomia su mente, en forma de preguntas que nadie podia responder. La tv nuevamente incrustada en mi. Solo faltaba el teléfono y el culebrón hubiese sido completo. Ring!!!
Alrededor de la media noche, agotado, con las piernas acalambradas, tomé contacto con la calle buscada y la dirección exacta. Echeverry volvió la vista hacia mi e indagó bajito:

-¿Que pasó? ¿Quién sos?

-No dejé que te mataran.

-Me salvaron los bomberos. Casi me mato por tu culpa.

-Esa era la idea.

-¿Que me matara?

-No. Que no te matara. El autor.

-¿Que decis?

-No me hagas caso.

-¿Que no te haga caso decis? ¿Sos boludo vos?

-No. ¿Y vos?

-Que, ¿sos milico?

-No. ¿Y vos?

-Cuando era chico decia que iba a ser policía de grande.

-Yo bombero.

-Ja.

-...

sábado, 18 de septiembre de 2010

LA ESTREPITOSA CAÍDA DE JUAN CARLOS ECHEVERRY.(CUARTA PARTE)


Cuándo volví en mi, caí en la cuenta de que mi vida corría peligro. Me encontraba rodeado por policías y bomberos que me insultaban al unísono. Era imposible querer explicarles nada porque nada oían.
Poco a poco el lugar se fue poblando de gente. Sus intenciónes de agredirme eran serias. Un par de manotazos rozaron mi cara que comenzaba a hincharse. Ahi fue que pude darme cuenta que las intenciónes habían dejado de ser teoría para pasar efectivamente al campo de lo práctico.
-¡¡Tarado, inconciente hijo de re mil puta, casi matas al tipo!!
Entre otras cosas, eso era lo que me gritaban como enloquecidos los de civil y también los uniformados. En ese momento pude percatarme de que nadie se había dado cuenta de que un intruso había ingresado como por la ventana dentro de ese mundo de ficción y mentira. Y no solo eso, aún hoy, sentado serenemente y reflexivo, me pregunto como pude en ese extraño momento, tener la suficiente lucidez como para llegar a la conclusión de que algo fuera de lo común habia sucedido. Porque la cara realmente me dolía. Y ademas, y lo que era mas extraño todavía, lo que me habían gritado a mis horrorizados oídos. Eso de que "casi matás al tipo", "casi". Echeverry no había muerto. Había torcido el argumento. Lo había cambiado todo. En realidad nada sabía a cerca del final del pobre infeliz en la novela, pero algo me hacía sentir que antes de que este humilde servidor irrumpiera, el tipo ya era hombre muerto.
Los otros personajes era seguro de que concientemente nada sabían, pero sus rostros denotaban perplejidad, estupefacción, un kaos interior de sentir, intuir, de que algo, como un soplo profundo y movilizador había cruzado sus humanidades traspasándolos sin poder comprender ni analizar con la humana razón. Asi, como cuándo se percibe un olor extraño y te quedás quietito, con la cabeza levemente hacia arriba, como buscando algo mas allá.

sábado, 11 de septiembre de 2010

LA ESTREPITOSA CAÍDA DE JUAN CARLOS ECHEVERRY.(TERCERA PARTE)


Y entonces fue asi, de una manera poco amable, que mi lectura de la primera parte del libro fue literalmente interrumpida de repente, por una nueva y extraña sensación que apoderó de mi o quién habla de ella. ¿Ensueño? ¿Embriaguez? El suicida no podía morir. ¿Que? ¿Por que iba a hecerlo? ¿Como? ¿Quién influía entre las sombras, artera y secretamente? ¿Que se yo?
Quería salvarlo, ayudarle. ¿Por que no un perro?
No, decía, no me puede estar pasando esto. Pero pasaba. Y si, decia a mi mismo. Si, como frente el altar. Y no.
Jadeaba intenso, taquicardeaba. No podía contimuar leyendo. Sabia ya que irremediablemente, aunque no quisiese, Echeverry moriría. Iba a pasar. Porque no era mas que un personaje secundario. Se iba a arrojar porque el argumento de la historia necesitaba sacrificar al personaje. Necesitaban matarlo. Lo iban a matar y el no lo sabía. No podia aceptar que un tipo me dijera lo que tenia que leer y encima de todo que asesinara impune y friamente.
Lo único que recuerdo de ese tiempo corto son flashes, luces enceguecedoras, blancas luces. Sentia un extravío profundo y vacío. Como si alguien hubiera puesto droga en mi Coca Cola. Esa era mi sensación. E inmediatamente luego las sirenas y los gritos.El Kaos, la confución y el extravío. Un ambiente tipico de pelicula de suspenso y acción, pero de cuarta. Mediocre serie negra. Pulp ficcion del tercer mundo. Todo como apretado y tirado de los pelos. Era como leer o mirar la tele pero conmigo dentro. Me había encontrado de pronto inmiscuido en una historia que no era mia, en algo totalmente irreal o paralelo o...una cagada! Pero quizas podia tener la posibilidad de torcer el rumbo, actuar, romper. Yo estaba conciente de lo que estaba sucediendo. Lector y protagonista. Estaba en pedo.
Cuando tomé raudamente por el sector de las escaleras no creí que inmediatamente iba a encontrarme cara a cara con el suicida.

-¡Boludo, no te matés!

El tipo giró su cabeza mirando directo a mis ojos desorbitados y rojos. Con un movimiento ligero y veloz pretendio sin resultado evitar que mis brazos atenazaran su humanidad y en especial su cuello venoso. Un piso resbaladizo y frio nos dio una dura y seca bienvenida, mientras rodabamos abrazados el uno con el otro hacia el balcón de un décimo piso de un gris edificio. Mi cabeza fue a dar justo y de lleno en uno de los barrotes de hierro en forma de reja, quedando atontado mas de lo habitual para posteriormente perder el conocimiento por unos largos segundos. La ultima imagen de Echeverry en mis retinas fue cayendo hacia la calle como un pájaro imposible y vestido.

viernes, 3 de septiembre de 2010

LA ESTREPITOSA CAÍDA DE JUAN CARLOS ECHEVERRY.(SEGUNDA PARTE)


LA CAÍDA


Igmar Kuts.


El resbalón en si no le había causado inconveniente alguno en la vida. Más bien lo que llego a encolerizarlo casi hasta la negación de su propio ser, fue la caída, el golpe seco y contundente. La cara le había quedado como gordura incompleta, obesidad insegura, indecisa. Es decir, la mitad de la cara hinchada.
Luego de ese episodio, los problemas aumentaron. El empleo que casi había sido suyo, ya no lo era definitivamente, porque había resultado desagradable a los ojos del gerente:

“¡Demasiado hinchado las pelotas estoy yo como para que encima de todos los
problemas que tengo venga un tipo con la cara hinchada a pedirme laburo!”

El claro y poco cargado de timidez y culpa mensaje pronunciado por el gerente, había causado en Juan Carlos Echeverry el efecto deseado…por el gerente.
Para colmo de males, la mujer que el pretendía como novia, lo había ignorado, por decirlo de una manera indulgente, echándolo a patadas de su casa, por torpe y desempleado. Al menos le había prestado algo de atención, porque no se lo había mandado a decir.
Ahora Echeverry caminaba cargando su pesada vida, la que por un fortuito y desagradable accidente, se había de pronto transformado en casi nada. Solo poseía una exuberante hinchazón en la mitad de su rostro y un malestar que lo llevaban a conclusiones que por momento rozaban lo absurdo. Entonces repetía en vos muy baja el popular refrán “un tropezón no es caída” que llevaría para siempre como máxima por el mundo.
Pero la caída era evidente. El fondo habitad permanente y inseparable. Daba la sensación de que mas abajo no se podía, pero seguía en picada. Ya alguien lo había dicho. Eso. Eso de que se puede caer indefinidamente. O subir de igual manera como cayendo. Subir sin tocar el piso. Bajar sin rozar techo alguno.
Convivía con la oscuridad de los subsuelos, habitando húmedas pocilgas. Supo del sabor del under, del verdadero, liso y llano. El arte ni siquiera merodeaba esos lugares.
Sus manos olían a humo de besos calientes y profundos. La ansiedad no se calmaba solo con uno. Las uñas rotas de arañar paredes de impotencia.
Había adquirido la extraña costumbre de aullar por las noches como lo hacen los perros en celo o que huelen la muerte. Los vecinos dejaron de saludarlo y sus amigos no visitaron mas su casa. Y cuando algún alma solidaria osaba golpear su puerta, nunca nadie atendía. El cartelito decía siempre: “en un rato vuelvo”
Y en ese contexto fue que tomo la drástica determinación de escalar hasta la terraza del edificio mas alto de la ciudad y quedar de cara al vacío total, de cara al abisal abismo mismo de la nada.