
Y entonces fue asi, de una manera poco amable, que mi lectura de la primera parte del libro fue literalmente interrumpida de repente, por una nueva y extraña sensación que apoderó de mi o quién habla de ella. ¿Ensueño? ¿Embriaguez? El suicida no podía morir. ¿Que? ¿Por que iba a hecerlo? ¿Como? ¿Quién influía entre las sombras, artera y secretamente? ¿Que se yo?
Quería salvarlo, ayudarle. ¿Por que no un perro?
No, decía, no me puede estar pasando esto. Pero pasaba. Y si, decia a mi mismo. Si, como frente el altar. Y no.
Jadeaba intenso, taquicardeaba. No podía contimuar leyendo. Sabia ya que irremediablemente, aunque no quisiese, Echeverry moriría. Iba a pasar. Porque no era mas que un personaje secundario. Se iba a arrojar porque el argumento de la historia necesitaba sacrificar al personaje. Necesitaban matarlo. Lo iban a matar y el no lo sabía. No podia aceptar que un tipo me dijera lo que tenia que leer y encima de todo que asesinara impune y friamente.
Lo único que recuerdo de ese tiempo corto son flashes, luces enceguecedoras, blancas luces. Sentia un extravío profundo y vacío. Como si alguien hubiera puesto droga en mi Coca Cola. Esa era mi sensación. E inmediatamente luego las sirenas y los gritos.El Kaos, la confución y el extravío. Un ambiente tipico de pelicula de suspenso y acción, pero de cuarta. Mediocre serie negra. Pulp ficcion del tercer mundo. Todo como apretado y tirado de los pelos. Era como leer o mirar la tele pero conmigo dentro. Me había encontrado de pronto inmiscuido en una historia que no era mia, en algo totalmente irreal o paralelo o...una cagada! Pero quizas podia tener la posibilidad de torcer el rumbo, actuar, romper. Yo estaba conciente de lo que estaba sucediendo. Lector y protagonista. Estaba en pedo.
Cuando tomé raudamente por el sector de las escaleras no creí que inmediatamente iba a encontrarme cara a cara con el suicida.
-¡Boludo, no te matés!
El tipo giró su cabeza mirando directo a mis ojos desorbitados y rojos. Con un movimiento ligero y veloz pretendio sin resultado evitar que mis brazos atenazaran su humanidad y en especial su cuello venoso. Un piso resbaladizo y frio nos dio una dura y seca bienvenida, mientras rodabamos abrazados el uno con el otro hacia el balcón de un décimo piso de un gris edificio. Mi cabeza fue a dar justo y de lleno en uno de los barrotes de hierro en forma de reja, quedando atontado mas de lo habitual para posteriormente perder el conocimiento por unos largos segundos. La ultima imagen de Echeverry en mis retinas fue cayendo hacia la calle como un pájaro imposible y vestido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario