sábado, 18 de septiembre de 2010

LA ESTREPITOSA CAÍDA DE JUAN CARLOS ECHEVERRY.(CUARTA PARTE)


Cuándo volví en mi, caí en la cuenta de que mi vida corría peligro. Me encontraba rodeado por policías y bomberos que me insultaban al unísono. Era imposible querer explicarles nada porque nada oían.
Poco a poco el lugar se fue poblando de gente. Sus intenciónes de agredirme eran serias. Un par de manotazos rozaron mi cara que comenzaba a hincharse. Ahi fue que pude darme cuenta que las intenciónes habían dejado de ser teoría para pasar efectivamente al campo de lo práctico.
-¡¡Tarado, inconciente hijo de re mil puta, casi matas al tipo!!
Entre otras cosas, eso era lo que me gritaban como enloquecidos los de civil y también los uniformados. En ese momento pude percatarme de que nadie se había dado cuenta de que un intruso había ingresado como por la ventana dentro de ese mundo de ficción y mentira. Y no solo eso, aún hoy, sentado serenemente y reflexivo, me pregunto como pude en ese extraño momento, tener la suficiente lucidez como para llegar a la conclusión de que algo fuera de lo común habia sucedido. Porque la cara realmente me dolía. Y ademas, y lo que era mas extraño todavía, lo que me habían gritado a mis horrorizados oídos. Eso de que "casi matás al tipo", "casi". Echeverry no había muerto. Había torcido el argumento. Lo había cambiado todo. En realidad nada sabía a cerca del final del pobre infeliz en la novela, pero algo me hacía sentir que antes de que este humilde servidor irrumpiera, el tipo ya era hombre muerto.
Los otros personajes era seguro de que concientemente nada sabían, pero sus rostros denotaban perplejidad, estupefacción, un kaos interior de sentir, intuir, de que algo, como un soplo profundo y movilizador había cruzado sus humanidades traspasándolos sin poder comprender ni analizar con la humana razón. Asi, como cuándo se percibe un olor extraño y te quedás quietito, con la cabeza levemente hacia arriba, como buscando algo mas allá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario