lunes, 21 de noviembre de 2011

¿PARA CUANDO LA VERDADERA REDISTRIBUCIÓN?





Es una pregunta que me hago. No digo constantemente, pero en momentos se torna recurrente.¿ La redistribucion de la riqueza, se aplicaria también, en caso de que realmente se llevara a la práctica, en diversas situaciónes de la vida en general? ¿Con que amplitud se efectuaria?
Digo, y para que todo el mundo pueda entender mi preocupación latente, que coincido y comparto que las personas que en otros tiempos hayan trabajado rompiendose el lomo diariamente, pero sin haberselos tenido en cuenta en absoluto, que hoy puedan tener los mismos derechos que quizas posean otros habitantes de esta querida nación, que por cuestiones que no quiero en ellas profundizar, hayan tenido una mejor suerte que otros coterraneos suyos.
Pero me pregunto e insisto en ello, uno que tal vez a tenido una suerte dispar en su vida pero que no a tenido que sufrir ninguna carencia estructural, como hambre, sed, desnudez, enfermedad, etc, es decir derechos básicos, básicos, y que no a sido ayudado por el destino, Diós, la naturaleza, el cosmos o como carajo deseen o les guste nombrar a eso inasible que por ahi creemos modifica y guia nuestras finitas vidas, en lo conserniente a lo meramente espiritual, intelectual y estético, ¿tendrá la posibilidad de que de alguna manera esa carencia humana sea saldada de alguna forma desde algún ente del estado?
¿Eso acaso no es riqueza? Y si por ahi ustedes coincidieran conmigo en esta apreciacion y contestaran que si, ¿no les parece acaso, que esas riquezas tambien merecen ser repartidas?
¿Por que algunos tanto y otros tan poco? ¿Que hace el gobierno al respecto en ese sentido?
Los que nacimos duros de rostro, escasos en ideas, y huecos de espíritu, también somos seres humanos. Respiramos, sentimos, sufrimos y hasta algunas veces nos damos cuenta de ciertas cosas como por ejemplo estas que estoy exponiendo.
Porque uno ya no sabe que hacer o como reaccionar ante una joven esbelta que camina casi impunemente por la vereditas venadenses sin percatarse de nuestra presencia. Una mujercita de esas que hoy por hoy pululan por estos pagos. ¿Como hacer? ¿Que se hace al respecto? ¿A donde hay que quejarse? ¿Como puede ser que un habitante de esta Argentina que dicese democrática no pueda tener acceso a esa...¿como diríamos? preciosura. ¿Acaso no tenemos el mismo derecho que cualquier otro ciudadano de esta tierra? ¿Cuando me toca a mi? ¿Nunca, pero jamas de los jamases tendré acceso a una cosa semejante? ¿Donde queda el ministerio que se ocupa de este tema? ¿Cual es el ministro? ¿En esa parte quién profundiza?
Y en el tema de nuestro interior, y cuando digo interior no me estoy refiriendo a las provincias o como dicen algunas, el país profundo, no, sino al interior de uno mismo. Eso, ¿como se llena? ¿Hay locales de expendio de espiritualidad? Ese vacio que porto, ¿es el mismo que tiramos a la parrilla cada tanto? ¿Que es el inconciente? ¿Un tipo?
Y el tema de lo interior de mi cabeza, lo intelectual, el cacúmen, ¿donde hay que ir a buscarlo? ¿Quien lo reparte? ¿Son bolsones? ¿Como garrafas serian? ¿Cual es el puntero al que hay que ir a tocar? ¿Ese será el que distribuye la inteligencia que me toca?
Digo, ya basta de verso. Si la vamos a repartir, repartamosla en serio. Quiero ser parte, estar incluido, denme la tajada que me toca a mi. Esa que tienen unos pocos y se la reservan toda para ellos solitos. Las minas, la inteligencia, la percha y la viveza que no poseo, ¿quién es el que me va a segurar todo eso? Soy un argentino como todos. Un habitante con los mismos derechos que absolutamente todos los aqui nacidos. Un poco boludo, lo sé. El típico pelotudo consciente y jactancioso de serlo. Un insoportable nabo que se cree piola, si, también lo sé. Pero un argentino al fín. Bah, un típico argento. De esos que conoce el mundo gracias al uno a uno, es verdad, pero de acá. Indudablemente de este querido terruño, que se merece ser hoy por hoy, tenido en cuenta en el reparto de la riqueza. He dicho.

viernes, 14 de octubre de 2011

TENO MUCHIO MIEDO.




Tengo miedo. ¿Ustedes no? No logro comprender. ¿Cómo es que no lo tienen? ¿Estoy loco? En la tele esta también, todo el tiempo. ¿Cómo es que no lo tienen todavía? Te lo dicen en la radio, todo el tiempo, que hay que tener, y mucho. ¿Estoy loco?
Tengo miedo, mucho. Un día desperté y ya estaba en mí. No me di cuenta como lo hizo. Se estacionó como una nave en la superficie de Marte, suavemente. Se agarró con sus patas de mi yo interno, como un parásito, y nunca más se fue. No duele, ni molesta. Mi salud es perfecta. Pero no dejo de pensar en él.
Tengo mucho miedo. ¿Ustedes no? En las redes sociales pulula incesante, en los blogs. En los portales de noticias, y en las páginas digitales de los diarios. Por todas partes el miedo está. No discrimina a nadie. Para el somos todos iguales, o lo mismo. ¿Cómo no lo vieron? ¿Están ciegos?
Yo lo veo todo el tiempo. Esta delante de mí. Se me cruza incesante. Me pone la traba. Me dobla el brazo. Me moja la oreja. ¿No lo vieron?
En la cancha esta también. En el campo de juego. Miedo a perder, y a ganar. Miedo a jugar a la pelota, miedo.
Si hasta me dijeron que ya no se puede salir, y por eso salgo menos. En las esquinas está. A la vuelta misma de tu casa. En el portón. En la mirada de tu perro guardián. Te desconoce. Por el miedo, ¿entendes?
Tengo miedo. Mucho. Lo que no puedo entender es como todavía no lo tienen ustedes. Si el del noticiero te lo dice. Te dice que todo se va a terminar ya. Que meteoritos caen incesantes sobre tu cabeza. ¿Cómo es que aún estas vivo? Si en el 2012 el mundo se termina. Si hay amenaza de atentado en Manhatan. ¿Entonces porque no puede haberla en el San José Obrero?
Si el almacenero te lo dice, constantemente. ¿No escuchas?
Si el que te trae las cartas te mira feo y tiene pinta de sospechoso. ¿No te diste cuenta? Te esta junando la casa para pasarle un dato a un cómplice. Hasta un chico se da cuenta y vos seguís papando mosca.
Si ese que esta vestido con mameluco marrón y se hace que arregla el cable mira constantemente para el lado del supermercado y seguro está fichando los movimientos del camión de caudales que se lleva la plata del día. Y el que maneja el camión seguro que es el que está de acuerdo con el tipo de mameluco y en cualquier momento revientan el mionca.
Si ese murguero que ensaya el rulo en la plaza tiene una actitud rara. Mira de reojo como fisgoneándote el bolso que llevas en el canasto de la bici. ¿Justo a la plaza vas a venir a tomar mates? Te hubieras quedado en tu casa mirando al tipo del noticioso que te previene del mal del mundo.
¿No lo miraste? Al murguero digo. Está todo pintado. Se oculta. Algo se trae entre manos aparte del bombo con platillo.
¿Y el de la patineta? No ves que no sabe patinar. Se hace el que. Relojea el bolsillo de atrás de tu pantalón para chorearte la billetera. ¿No te da miedo quedarte sin plata?
¿No lo vieron? Está impregnado en las paredes. Se respira en el aire. En la alergia y en los gérmenes de la primavera. En el polen de las flores que esconden aguijones de abejas mortales. En los jejenes. ¿No les temes a los jejenes? ¿No? Vos estás loco. Loco mirá.
¿Y el clima no te asusta? ¿No lo notas raro al clima? ¿No te parece que no es igual al de nuestra niñez? ¿No te das cuenta que las tormentas son más fuertes? ¿Que los calores son más intensos? ¿Que el cielo pinta otro color? ¿No te das cuenta que los rayos caen en pleno día de sol y que las noches están más iluminadas? ¿No ves acaso que hay más satélites artificiales que lunas en el sistema solar?
Y ni te cuento ahora que llega el fin de año. Ahora que los Papá Noeles pululan por doquier. Quien te dice que detrás de esos disfraces no se escondan violadores, o asesinos a sueldo. Me da mucho miedo la navidad. Y de los reyes ni te cuento nada, para qué. Tampoco quiero andar cundiendo el pánico. Esas bestias a las que montan, ¿no portaran acaso, extrañas pestes incurables del desierto? Cuantos son los reyes en realidad. ¿Vienen con servidumbre? ¿De qué orígenes son esas servidumbres? Los reyes magos me dan miedo. Los tres. Y encima uno…uno es negro.

martes, 13 de septiembre de 2011

LA INTERIORIDAD COLMADA.


He llegado a una triste conclusión. Cuando una mina te dice que lo importante es el interior, o es fulera ella o vos son un bicho. Y eso se lo adjudico exclusivamente a la pelotuda frase del Principito,"lo esencial es invisible a los ojos". Cuanto tiempo pase justificando mi fealdad con esa estúpida aseveración. Porque si así fuera, estaría de novio con Pamela Anderson. ¿Cómo puede ser esencial algo que no se toca, no se ve, no se saborea, no se huele y no se oye. Bueno, pero sí de reconocer se trata, la frase dice que lo invisible es lo esencial. Entonces da para que me pregunte: ¿y lo que se escucha? ¿y lo que se saborea? ¿y lo que se huele no? Y si la frase fuera: "lo esencial es inaudible a los oídos", que. O lo esencial es soso. O lo esencial no se huele. ¿No da no? Igualmente siempre sospeché que algo raro sucedía. Todo el tiempo me he preguntado cómo podía ser que los superficiales con auto y dinero tuvieran las mejores minas y yo que era muy rico y hermoso interiormente me tuviera que conformar con mis manos para satisfacer mi lívido. ¿Cómo eso podía sucederme a mí, que me había fumado todos los autores orientales o de esa influencia, habidos y por haber? ¿Cómo podía ser? Si ya me había rapado la cabeza completamente al grito de Hare Krishna en el barrio de Once, si me había metido de cabeza en el barro filosófico del Tao te ching de Lao-Tsé, alcanzando el equilibrio del yin y el yan , si ya había escuchado y leído las enseñanzas de Sai Baba, si la imagen regordeta de Buda estaba repleta de monedas y me había ganado ya a esa altura el Nirvana. Si Osho era mi principal referente a la hora de la sexualidad. Tenía toda la teoría por llevar a la práctica. Si había leído todos los brolis de Kalil Gibran y en especial las enseñanzas del profeta. Si Herman Hesse era mi autor y Siddarta mi libro preferido. Y ni hablemos de Richart Bach y su Juan Salvador Gaviota. A mí no me la podían venir a contar. Siempre me habían impresionado imágenes de la India. Tipos que hacía años estaban detenidos como en el tiempo solo no deseando nada. Tratando de apagar el deseo carnal. Tipos que hacía años que permanecían por ejemplo sentados con una mano en alto, sin actividad ninguna en ella. Era increíble observar la diferencia de grosor de un brazo con el otro por la falta total de actividad de sus músculos. Adivinen que músculo mío era parecido al del brazo en alto del indio meditoso. Años tratando de ser solo presente y no caer en la trampa del pensamiento lateral, ese que te produce la infelicidad sacándote de lo que realmente interesa. Ese pensar en el pasado añorando lo que ya fue o ese pensar el futuro proyectando cosas que jamás llegaremos a cumplir. "Una mente humana es una mente que vaga, y una mente que vaga es una mente infeliz" escuche por ahí que decían. Y mi madre por otro lado que me decía que no solo mi mente era vaga, sino todo mi ser. Y la sociedad toda apuntándome con el dedo por seguir mi objetivo de vida. Pero mi viaje hacia lo interno no podía detenerse. Lo hacía como con violencia, como con bronca. Hambre era. Pero desmedido, voraz. Deglutía ferozmente el alimento anti-superficialidad. No podía parar. Llegue de pronto y para mi sorpresa, a la conclusión de que me había convertido en lo que había querido combatir. Me había transformado en un consumidor del anti consumo. Todo lo que se me cruzaba a modo de publicidad referido a lo que me interesaba lo comía crudo, sin saborear y lo tragaba entero. Películas, videos, libros, audiciones de radio y televisión, sitios de internet, etc., etc., etc. Mi vida interior estaba colmada, llena, amontonada, machacada, bolo alimenticio sin curso natural digestivo, reflujo de orientalidad mal digerida, mal entendida. Provechito. Y el final cantado. ¿Cómo puede ser el epílogo de un desesperado que no puede o no quiere ver la salida? Una bolsa inmensa y dentro todo: "Buda, Jesús, Lennon, Osho, Lao Tsé, Sai Baba, Krishnamurti, Gibran, Exupery, Bach, Coelho, Gandhi, la madre Teresa, Luther King, Pilar Sordo, los dos Stamateas, el rey Momo, y por su puesto Claudio María Dominguez". Una explosión de interioridad increíble por los aires, volando, como papelitos arrojados desde un planeador. Y fue un día, que armando los pedazos de mi ser y como de repente y sin pensarlo demasiado, encontré mi eje, al fin. ¿Cómo no haberlo visto? ¿Qué enceguecía mi visión? ¿Cuál era el velo? Biolcatti tenía razón. La resolución perfecta: Marcelo con show Mach en Bailando por un sueño en un inmenso plasma sesenta pulgadas y a la puta madre que lo parió.

miércoles, 17 de agosto de 2011

¡UN APLAUSO PARA LOS NOVIOS!


En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.

Las fiestas son lo más lindo que hay. El ser humano merece el festejo y la diversión. No puede solo ser un esclavo de su trabajo u obligaciones. Durante toda la semana el ser vivo pensante sufre todo tipo de situaciones estresantes, expuesto a toca clase de experiencias extremas, de tomas de decisiones radicales y de militancias peronistas, de responsabilidades que en muchos casos va la vida de la gente en esos actos. Sin dejar de tener en cuenta, por su puesto, al entorno de las mismas personas, es decir, hijos, nietos, familiares o mascotas.
Pero a quedarse tranquilo y a dormir sin frazada gente linda y de la otra, tal como lo dijera el tierno Balá en sus performanses televisivas y teatrales. Para todo eso, es decir, para calmar los males de este mundo, no solo existen los psicólogos, la televisión o los pastores evangelistas, no. Sino que el sistema que no es ningún boludo, á puesto a nuestra disposición todo un abanico de posibilidades para que uno pueda tener la opción de gastar todo el dinero que casi trágicamente gano durante el mes, en fiestas de todo tipo y color. Empresas provistas de una parafernalia de elementos, aparatos y pelotudeses varias tales como: salones, pastelería, souvenires, vestimentas, cotillón, gastronomía, disc j, shows, decoración, regalería, magos, zancudos, strippers, etc., etc., etc., se ofrecen al mercado para beneficio del cliente, llamado también ser humano.
Para eso también el catolicismo á aportado desde el almanaque toda clase de fechas para que tengamos en cuenta. Santos por doquier nos representan con sus nombres y dias de nacimiento y deceso, proveyendo así a la comunidad de innumerables posibilidades de festejos tales como, nacimientos, aniversarios, despedidas, enlaces, recordatorios, reencuentros y hasta divorcios. Con este panorama no podremos entonces poner el grito en el cielo ante absolutamente nadie ante un bajón anímico o recaída alguna. Si no somos felices es porque no queremos. Y como no soy un Kelpers ni mucho menos un extraterrestre, también yo, muchas veces he tenido que recurrir a estos métodos por diferentes razones. Y creo sin temor a equivocarme que en pocas ocasiones es sido tan feliz como en medio de una pista de baile de un salón iluminado, con sombrero de plástico en la cabeza, porra multicolor en una mano y una estridente corneta en la boca al ritmo alocado de un reggeton de Daddy Yanqui o haciendo los pacitos alocados del baile del cuadrado.
Pero como todo en la vida, suelen suceder inconvenientes o situaciones no previstas. La vida tiene la puta característica de fluir como el agua e improvisar constantemente. Y muchas veces me he preguntado si no la dirige Oski Guzmán, algún jazzero negro norteamericano o un político argentino.
No todos los días estás invitado a un casorio con todos los chiches. Es decir, sin tener que pagar tarjeta alguna. Una fiesta en donde no tengas que poner un mango se transforma por estos días en una fiesta rara. Qué lindo es poder ocupar el espacio asignado por los organizadores a toda la familia completa. Redonda mesa adornada con blancos impolutos manteles con adornos florales multicolores. Pero el número impar resulta siempre incómodo. Somos cinco de familia. Y siempre sucede que, o te falta un lugar o lo contrario, te sobra. Imposible abordar un remis. Solo aceptan hasta cuatro pasajeros. Y por supuesto el que siempre tiene que ceder el lugar e inmolarse es papá Abrojo. Pero para beneplácito de todos y en especial mío, en este caso por suerte sobraba espacio. Seis lugares para cinco. Y la silla sin ocupar, para los abrigos y los bolsos. Una delicia. Ahí iba la fiesta. Con todo su glamour y con todo su Garbo. Con luces estridentes y sonido brillante. Con humo de colores y saltitos de baile. Los mozos veloces que observan atentos y la organizadora del evento que llega. Todos la miramos y ella nos mira y nos dice que si no tendríamos problema de que alguien ocupe la silla que sobra. Un rezagado familiar del novio, que a último momento llegaba, carecía de su lugar correspondiente. Y como somos cinco de familia y en la mesa había seis lugares, es decir que nos sobraba uno, y como lo que caracteriza a la familia es poseer el corazón abierto, aceptamos casi al unísono que la otra persona compartiera nuestra alegría y buen humor. Pero sucedió que inmediatamente luego de apoyar sus pompis en la silla, el tipo hizo saber su opinión acerca de lo que pensaba de las fiestas de esas características, de la novia, y del mundo en general. Era un denso el tipo. No había cosa que le viniera en gracia. En unos pocos minutos apuró al mozo, insulto al disc j y cuestionó a la organización. Hizo cambiar el vino en tres oportunidades, el plato en dos y la mesa en una. Se cambió de lugar y se acomodó a mi lado porque no soportaba a los niños (esos niños daba la casualidad que eras mis hijos) opinando abiertamente sobre ellos, de su modo de hablar, de vestir y de comer. Y no solamente de los niños sino también de toda la familia, bah de todas las familias en general. Opinó sin miramientos sobre mi modo de vivir. Y no se conformó con solo eso, para tranquilidad de todos los que habitábamos la mesa, luego el turno fue para la novia, mujer ahora de su hermano, es decir su cuñada. Nos enteramos sin de ninguna manera desearlo, de las pretensiones espúreas de la mujer para con su novel esposo. Que en realidad el objetivo de ella, eran unos campos con soja que su familia poseía, una casa antigua que había sido de sus abuelos y una importante cuenta bancaria heredada de la familia. Por eso tiraba la plata en un festejo de esas características, porque no era de ella la mosca y porque los negros eran así, se la tiran a toda de un saque y después te venian a pedir que los sacaras del pozo que ellos mismos se habían cavado. Y encima la yegua que nos gobernaba que les da la asignacion justo a estos que no quieren laburar. Que su hermano era un cornudo decía. Y no solamente el, sino todos los hombres de la familia. Que él era una especie de oveja negra no por lo malo, sino porque nunca había querido ser parte de toda esa mentira que era su parentela y que por ese motivo lo miraban de mala manera. Él se resistía a todo ese entuerto. Se negaba a ser parte, pero que en pos de tratar de que las cosas mejoraran, el participaba de esa fiesta que le resultaba tediosa, superficial y de poco nivel. Él decía no entender como la gente podía dejarse llevar por un festejo de tan poco nivel. Tan ruidoso y de tan poco vuelo. Muchas veces, lo admito, y con el tacto necesario, había tenido que repreguntar o detener su filosa verborragia para que repitiera sus aseveraciones porque entre el volumen de la música y su boca colmada de palmitos con salsa golf, no podía comprender lo que el tipo decía. Pero en un momento comprendí que el objetivo de su crítica ahora era la comida, la misma que masticaba. Que era una gronchada decía. Que todo era una grasada. Que no sabía porque mierda había decidido asistir al casamiento. Que maldecía el momento en el cual había tomado esa decisión.
De repente el odioso comensal tomo un respiro y un largo trago de vino tinto, no sin antes decir que estaba picado, y mirando a los demás participantes de la mesa, es decir nosotros, dijo en un tono bajito pero contundente que se iba porque ya no aguantaba más la farsa de la éramos parte, y que estaba cantado que en cualquier momento el boludo alegre de su hermano lo iba a ser hablar y el no tenía la más mínima intención de mentir y que si nosotros éramos una familia inteligente tendríamos que tomar la misma decisión que estaba tomando el. Por el bien de los niños decía, que son el futuro del país. Y mientras daba el último lengüetazo a la cucharita colmada de helado se despedía observándonos como con piedad.
Debo confesar que luego de su despedida, un silencio profundo se apoderó de la mesa. El rito del vals, el del ramo y el de la liga, ya habían pasado sin que nos hubiéramos percatado de ello. Todo había sucedido rápido y como en un sueño. El baile estaba ya en un momento álgido motivado por el bao del alcohol y el cotillón del carnaval carioca. Él niño más pequeño dormía ya un sueño profundo, el del medio había ya roto su copa y su plato correspondiente y el mayorcito insultaba en cuatro idiomas y en todos los colores por el embole presenciado, cuando decidimos la partida con mi esposa. Lentamente y como resignados nos acomodamos los abrigos y nos colgamos los bolsos. Entre las mesas nos hicimos lugar buscando la puerta de salida rodeando la pista de baile lentamente. Y cuando ya casi lográbamos el objetivo de traspasarla pasando desapercibidos, una mano urgente y transpirada que sujeta mi brazo fuertemente. Y para mi sorpresa, para sorpresa de todos los componentes de mi familia, incluso del más pequeño, despierto ya, descubrimos que el que tomaba mi brazo no era ni más ni menos que el tipo mala onda y resentido que hacía unos minutos nos había llenado la cabeza con sus manifestaciones pesimistas. Pero el tema era que ese hombre que ahora nos hablaba efusivamente, con la camisa afuera del pantalón, con la corbata de vincha, con una botella en una de sus manos y con un micrófono en la otra, había sufrido una transformación, no era el mismo de un momento atrás. Este era otro, otro que nos quería convencer de que nuestra decisión de abandonar la fiesta era incorrecta. Que nos íbamos en lo mejor del festejo. Que había que disfrutar porque la vida era una sola y toda una sarta de perogrulladas anteriormente criticadas por él. Y lo hacía metiéndonos el micrófono en la boca cual notero de TN y Crónica juntos. Y cuando una mirada mía se le cruzo en sus ojos como una pregunta obvia el tipo sacándose el micrófono de su boca dejo soltar en mis oídos que bueno, que no había que ser tan malo, que había que ser compresivo y fundamentalmente tolerante con los demás. Cuando el micrófono volvió a su boca, fue para arengar a los invitados en contra de los que casi corriendo por temor a ser linchados salíamos del salón. Entre gritos y abucheos tomamos la calle sin mas, mientras de fondo y como musica insidental, pudimos escuchar, a lo lejos, al tipo pidiendo un cálido aplauso para los felices recién casados.

martes, 9 de agosto de 2011

LO IMPOSIBLE.



¿En qué momento fue? ¿Quién tomó el impulso? ¿Cómo fue qué?
¿Tanto le podes errar? O fue acierto. Ser el que.
Como es esto de saberse uno. Quisiera abrazarte y fundirme en vos.
Y poder con vos ser uno los dos. Ayudarte. Para que me ayudes. Quiero ser vos.
¿Querés ser en mí, vos?
Y no. ¿Y el sentido de la libertad? ¿Ser y no poder escapar?
¿Estar dividido?
Solo nos queda el abrazo.
¿Quién eligió por mí? ¿Alguien eligió por mí?
Quisiera abrazarte, por siempre. ¿Y la libertad?
Te suelto con todo lo que sos. ¿Cómo ayudarte?
Quisiera abrazarte y fundirme.
¿Y los que no pueden elegir? ¿Elegimos?
Esto de elevarse por sobre la naturaleza. Esto de dar sentido.
No me puedo alcanzar. Y otra vez algo de mí que se me escapa. La división.
Quisiera abrazarte y fundirme para ayudarte. Quisiera. Quisiera poder. Quisiera poder abrazarte. Quisiera poder abrazarte y fundirme. Fundirme y ayudarte. Pero mi yo te mataría. No te convengo como partícipe de tu soy. No te merezco. Quisiera y me parte al medio reconocer que somos parte. Que no puedas escapar. La culpa que llevare hasta el día del fin. Quisiera fundirme y no puedo. No se puede.

sábado, 30 de julio de 2011

TODOS LOS DOMINGOS LA MISMA CANTINELA.


¡No soy un mal tipo! Trabajo duro y quiero a mis hijos. Entonces, ¿Por qué tengo que pasarme medio domingo escuchando cómo voy a ir al infierno?
Homero Simpson.


Lo domingos suelen ser particulares. Mucho más cuando el ser humano transita por esa edad en la que cree que todo es felicidad y armonía, tonta edad, por no decir pelotuda, es decir la de la niñez.
Y no me refiero en este caso a las actividades propias de un día con esas características, es decir el asado y los tallarines en familia, el futbol, la plaza o las carreras. Bah, si fuera por todo eso los domingos serian increíbles.
El tema es la mañana del domingo. De niño he recorrido casi todas las capillas de la ciudad. Cumplí con todas las actividades que teóricamente sirven para salvar tu alma de los fuegos eternos del averno. Fui bautizado como todo buen cristiano. Pero también fui a catecismo. Tome la comunión y la confirmación. Fui monaguillo. Me confesé sin cesar todos los días de misa contando al padre todos mis terribles pecados de niño. El sacerdote me daba la bendición y yo comenzaba mi confesión con un: “Esta semana tuve malos pensamientos padre”. Y en una oportunidad el padre que me tomo la confesión fue el Obispo Pichi. Y todo esto sucedía, generalmente los domingos por la mañana. Conocí gracias a mi apego clerical los lánguidos primeros días de la semana, es decir el domingo, de temprano. Porque no sé si ustedes inteligentes lectores de revista Ojito y seguramente si, están al tanto de que el primer día de la semana no es el lunes, sino el domingo. De alguna manera, y analizando esa experiencia desde el futuro de ese momento, puedo decir que algo disfrutaba. No llamaremos a ese estado felicidad, porque nunca pude serlo en esas ocasiones y/o ámbitos, pero debo confesar, como delante de un sacerdote lo haría, que en la misa me sentía como salvado del mal del mundo. Ahí el diablo no iba a poder llevarme. Uno comulgaba la ostia que se te pegaba en el paladar y bebía la sangre de cristo que sabía a moscato y estaba salvado.
Pero siempre me sucedía que, al dejar la capilla, inmediatamente luego de la misa, con el alma ablandada y llana, sin carga alguna de pecado, un fuego interior se encendía casi con violencia, y un fervoroso deseo de desobediencia y de maldad, se me instalaban o florecían desde muy adentro de mi púber corazón. En ese momento, justo, comenzaba otra ceremonia muy diferente a la que momentos antes había protagonizado con las manos entrecruzadas y los ojos cerrados. Una ceremonia diabólica. Era como que al estar vacío de todo mal, abalado por el perdón de la confesión y como seguro de que el próximo domingo una vez más tendría la posibilidad de ser perdonado, cometía toda clase de excesos que ponían de los pelos a toda mi familia, vecinos y parientes. Las más horrorosas blasfemias, los más procaces insultos y los más asquerosos sonidos guturales y escatológicos habidos y por haber, eran generados por el por ese entonces niñito de barrio. Era como una venganza. Como si el diablo tomara mi alma lavada por la misa y el perdón y la inyectara con su fuego. “Todos los domingos la misma cantinela”, vociferaba mi madre ya percatada y resignada al mismo tiempo, mientras a su alrededor este hombre aún niño cometía toda clase de barbarie. Ni bien salido de la iglesia nomas. Era ahí al toque el tema. Una especie de odio que lo sufría todo animal, bicho, pájaro o insecto que se le cruzase en el camino a este por aquel entonces niño. Y si hablamos de seres humanos, las viejas eran el objetivo favorito del monaguillo. Las mismas viejas que habían compartido la santa misa tomados de las manos, ahora sufrían las peores ofensas que una persona podría soportar. “Vieja fiera”, “Loro desplumado”, “Doña cachabacha”, “Cascajo destartalado” etc. etc. etc. Y eso solo durante el trayecto de vuelta a casa. Porque ya en el lugar, lo primero que hacía y a sabiendas de lo que podrían a llegar a producir los actos que llevaba a cabo, era saltar el alambrado, y sin más dirigirme a la canchita pocienta, a desempolvar la pelota de fútbol sin descambiarme, lo que producía en mi madre y en las tías que en ese momento visitaban mi casa para compartir el almuerzo dominguero, un espanto como añejo y guardado que se dejaba expresar en gritos histéricos y desgarradores:“¡Waaaaaateeeerrrrr!, ¡Sacáte los mocasines nuevos que es lo único que tenés para ir a la escuelaaa! ¡No jugues a la pelota!
Como describir la satisfacción que en ese momento producían esos gritos en mi humanidad. ¿Qué era lo que generaba en mí ese deseo de transgredir ni bien salía de la iglesia? ¿Cuál era la necesidad de hacerlo apenas pisaba la vereda de la casa del señor? ¿Quería ser malo?
El tiempo á pasado velozmente. Hoy soy un hombre de mediana edad, con una familia bien constituida y un buen trabajo. Recuerdo ese tiempo con una sonrisa melancólica marcada en mi rostro. Veo por la ventana del cuarto donde escribo esta nota a una viejecita con bastón tratando de sortear un cúmulo de escombros que le impiden casi el paso. Salgo a la puerta de casa, me cercioro de que ninguno de los vigilantes de mis vecinos me vea y cuando la abuela octogenaria se descuida mirando el piso para evitar caer, aprovecho ese acto y le pateo el bastón, y la señora mayor va directo al suelo rugoso con toda su endeble humanidad. Me escondo unos segundos detrás de la puerta para posteriormente y con la velocidad de un rayo, salir corriendo a socorrer a la pobre viejita que yace inmóvil en el piso de la rota vereda. Y el horrible acto segundos antes cometido, es lavado por este último, el acto de salvarla, cual orate Boy scout, lavando mi culpa. Ah, y el domingo bien tempranito me aguarda en la parroquia el curita del barrio dentro del confesionario.

lunes, 20 de junio de 2011

Quejas de un payaso pequeño burgués.


No todo es color de rosa en la vida de un payaso mediático como este, que les trata de hablar mensualmente desde esta desopilante revista nac. y pop. No. Si bien no les voy a andar diciendo que no se reír, como diría Nebbia, porque la verdad es que no la paso tan mal, pero bueno, uno también es un ser humano viviendo en sociedad, que cuando se despinta la cara, se le abre la realidad real de la vida. Y uno se da cuenta de que tiene un trabajo, una familia y deberes diversos que atender.
Domingo cerca del mediodía, jornada de elecciones primarias, internas y obligatorias. Mi niño que desde las ocho de la mañana me advertía que debía acercarlo a los festejos del cumple de una compañerita de escuela. Justo el día del sufragio. Debo, por su puesto, antes de llegar a destino, adquirir un regalito para la cumpleañerita. Para eso los padres contamos con la posibilidad de los “Todo por dos pesos" que percatados sus dueños o dueñas de estos festejos absurdos, desde temprana hora tienen sus puertas abiertas, aun un domingo por la mañana y de votación. Qué lindo. Mi billetera esa mañana contenía la escaza suma de doce pesos. Cuando entramos al local con mi pequeño e inquieto hijo, una señora detrás del mostrador nos recibe con antipatía y nos deja en manos de una empleada que dejaba entrever por su aspecto decadente de resaca, que había gastado la noche anterior la pista del Templo disco. Una carterita rosa con lentejuelas colgada de uno de esos muestrarios exhibidores. La chica que me dice que cuesta solo diez pesitos. Me interesa el precio. Ésta que la acerca hacia el mostrador donde se encontraba la que evidentemente era la dueña del lugar y que al terminar de envolverme con un papel de regalo la carterita me dice sin más que lo que debo abonar por el objeto son exactamente once pesitos, es decir uno más de lo que me había dicho la chica vendedora. Con mi mano izquierda ocupada con los diez pesos con los que iba a abonar lo adquirido, no tuve más remedio que buscar en el fondo de mi bolsillo derecho con mi derecha los dos pesitos que me quedaban. Al depositarlos sobre el mostrador la mujer me advierte sin más, que no tiene un peso para darme el vuelto y en su lugar me da un rojo lápiz negro. Me dejaron seco las namis. Sin más. Eran diez, luego once, y finalmente termine pagando doce. Miro a la mujer entrada en años que me había cobrado y le pregunto: “¿y con el lápiz que hago?”
Que cosa los domingos. La familia, los parientes, los vecinos, los chicos con cumpleaños, la misa, el futbol…y las elecciones. Pero como todos ustedes sabrán, inteligentudos lectores de esta humorística revista, este payaso á sido, es y será siempre y ante todo, un respetuoso de las leyes y el orden constitucional a rajatabla. Es decir que a mí no me van a poder sorprender o subestimar. Yo califico como votante. No soy ningún negrito infradotado del norte del país. Es por eso que desde hacía ya un tiempito venia estudiando el sistema de boleta única. La tenía clara. Entonces fue que inmediatamente luego de haber almorzado con mi familia a pleno, un pollo al disco bien regadito todo con tinto cabernet, me dirigí raudamente hacia el colegio en el cual debía cumplir con mi deber ciudadano repitiendo en voz baja: “no debo decir adentro mi general, no debo decir adentro mi general, no debo decir adentro mi general”. Al llegar a la mesa correspondiente el presidente de la misma, un joven alocado, me solicita el D.N.I y me pregunta con una sonrisa dibujada en su rostro, si sabía emitir el sufragio. Al oír mi respuesta positiva a su pregunta, la sonrisa que portaba segundos antes fue borrada inmediatamente de su imberbe rostro, siendo esta reemplazada por un gesto adusto y de sorpresa, para posteriormente soltar como un aguijón la frase ¿Cómo que sabe votar? como pregunta. Se votar, le respondí. Me comí todos los spots televisivos, las charlas para sufragiántes y todos los consejos de absolutamente todos los partidos políticos. Pero señor, me responde entonces el muchacho, acá el que sabe efectivamente de esto soy yo, que me fumé todos las reuniones, todas las charlas y todos los cursos para aprender y posteriormente enseñarles a ustedes los simples y llanos votantes que vienen a esta escuela ignorando seguramente todo lo referido a la boleta única, sobre su funcionamiento. Disculpáme, le respondo entonces, que vos seas el presidente de mesa no quiere decir que por el solo hecho de serlo te eleve eso solo a un peldaño superior al de un votante como yo, no uno común, ya que me considero uno de los bien preparados para la vida cívica y social. A sí que déjame que solito iré al box a elegir mis candidatos sin que nadie me ayude porque estoy al tanto de todo. Cuando giré hacia el modulo pude de reojo observar los rostros impávidos de los demás integrantes de la mesa. No podían creer la situación que estaban viviendo. Todo muy lindo, escuche que me decía el joven que presidia la tan mentada mesa, pero no sé con que vas a marcar los casilleros. Te olvidas la lapicera. No te preocupes, le contesto, tengo una. No, discúlpame ahora vos, pero tiene que ser esta, sino no vale. Dejáte de joder, le digo, si es lo mismo, mientras este marcado vale igual. Mira, no me faltes el respeto porque llamo al gendarme, me respondió entonces el muchacho, y agarrá la lapicera. Yo que vos lo haría. Me volví sin más, y tome el bolígrafo que me entregaba el joven. Sus ojos expelían odio. Y de su boca surgió bajito un “no me jodas”. Que no te joda, le respondí, no me jodas vos, porque no tenés ni idea de quién soy. Si claro que se, me dijo, sos Abaca Walter Armando, ¿no te das cuenta que tengo tu DNI? Te tengo agarrado de las pelotas. Si, tenés el documento, tenés al gendarme, pero yo tengo la decisión del voto, le increpé. Tengo el derecho y vos estas al servicio mío. Vos no sos nada sin el votante, puto. Un aplauso cerrado surgió desde la puerta del salón, que ya agolpaba a unos cuantos ciudadanos prestos a cumplir con su deber democrático.
Con la mano en alto a modo de agradecimiento hice mi ingreso a uno de los box, y como se debe marque con una cruz en todas las casillas correspondientes al voto en blanco. Introduje las boletas en las urnas, cada una en su color correspondiente y mirando hacia la mesa donde el joven presidente se encontraba y ante la mirada estupefacta de todos los habitantes de la misma les dije: “¿Se dieron cuenta que fui capaz? Espero que ustedes puedan serlo como este ciudadano lo fue”. Cuando salí del establecimiento educativo y mientras palpaba en mi bolsillo la lapicera que le había “hecho” al tarado del presidente de mesa, sonreí feliz ante el deber cumplido. Y mientras, cerca de la medianoche, este ciudadano feliz, es decir yo, testeaba en TN, los resultados de las elecciones, vibrando con el Prende y apaga, descubrió para su desazón, que el documento carecía del cellito verificador del voto sufragiado. Y entonces tomando la birome entre mis manos, elevándola al cielo, me pregunte a mí mismo o a mi consciencia, y como un Hamlet pelotudo lo haría, lo siguiente: “¿y con la lapicera? ¿Con la lapicera que hago?”

viernes, 13 de mayo de 2011

Y NO SOY DIEGO TORRES.


Me he dado cuenta de una cosa. Y lo descubro muy a mi pesar. Llegué a la conclusión que tengo alma de Boy Scout. Pero con una particularidad: yo detesto a los Boy Scout. No puedo entender cómo puede haber gente que este siempre dispuesta a hacer cruzar las calles a viejitas con bastón o a bajarte un gato trepado a un árbol inmenso. No se puede ser bueno todo el tiempo, y gratis. Es por eso que he decidido hacer pública mi problemática. Es que aunque no quiera, aunque me niegue, hay algo que me lleva a estar siempre en lugares donde debería estar un verdadero Scout. Pero es evidente que ellos siempre se encuentran donde debería o me gustaría estar a mí. A ver. Sé que todo este relato les va a sonar quizá un poco absurdo. Pero quiero decirles, inteligentes lectores de la más popular publicación de humor de Venado Tuerto, exceptuando el Informe diario por su puesto, que la problemática que sufro merece el espacio, y también, porque no se me ocurrió otra cosa para escribir. Quiero decir que soy un Scout sin quererlo ser. Aunque me niegue, siempre voy al encuentro de lo que huyo, como Edipo. Soy el típico, para nombrarlo definitivamente y visualizar el problema, “justo pasaba por ahí”. Desde chiquito nomás me vi ayudando a mi pesar. Pero cuando uno todavía es niño, esta medio en la boludez y no alcanza a tomar consciencia cierta de que la vida es una mierda y esas cosas, porque vive inmiscuido en un limbo donde cree que todo es paz y armonía. Para que contarles a ustedes que ya se habrán dado cuenta hace rato de como son los niños. Esa edad donde el ser humano aún no es tal. Un pre-humano diría.
Pero la cuestión es cuando uno crece e ingresa a la madurez. Ya con las patas metidas hasta las rodillas en ese denso barro, de a poco y solito, me fui dando cuenta de que algo me sucedía. No podía ser que cada vez que salía a la calle a alguien le pasara algo y el que estaba para rescatarlo era este humilde servidor. Al principio nadie se percataba de mi situación, pero al pasar el tiempo ya nadie quería estar al lado mío. La gente no es solidaria.
Lo primero fueron por su puesto los automóviles. Y no en cualquier lugar, no. Siempre elegían ser empujados por mi en lugares conchetos atestados de ellos. Inmensos cascajos descoloridos y ruidosos. Un grandote pelilargo que se asomaba por la ventanilla y con un contundente: "papá empájame el bólido" que me invitaba al esfuerzo desinteresado. Todo el mundo que huía y el que quedaba de cara a todo, de culo al mundo, era yo, el "justo pasaba por ahí". Que quemo. Si ninguna me había mirado hasta ese entonces, imagínense ustedes luego de semejante acto. Empujar un auto que se á detenido debe ser una de las experiencias más denigrantes que un ser humano pueda vivir. Y suele ser lo primero con que el "Justo pasaba por ahí " se topa. Luego el destino deja fluir su libre albedrio desatado y todo lo demás viene como por añadidura. Es decir: típica parejita peleando a los gritos. Uno se hace el boludo, hace como que no oye, como que no ve. En eso el hombre que toma por el cuello a la señorita, y esta comienza a dar aullidos dignos de una película de terror. Uno que relojea y la chica que te dice: "flaco salváme que este salvaje me quiere asesinar". Uno que intenta escapar. La mujer que rueda al piso y el muchacho que le cae encima con sus manos aprisionando su fino y delicado cuello. Y uno que piensa que si no se mete el tipo la va a matar. No es tu tema, pero ¿y si se muere? Que voy a tener que ir a declarar a la cana. Que el remordimiento. Y entonces como todo buen "justo pasaba por ahí " debe actuar y actúa, es decir, abalanzándose sobre el tipo que está por hacer pasar a otro mundo a esa pobre mujer, enredándose en una gresca descomunal hasta que alguien se percata de la situación y logra detener la violenta acción ante los gritos de horror de la mujer que al notar que al pibe con el cual había estado por perder la vida se le está inflamando un ojo, no por un golpe propinado por su salvador, sino por haberse dado contra el cordón por el forcejeo, comienza a descerrajarte una ondanada de insultos y amenazas tales como: "forro que te metes en asuntos que no te importan, te voy a denunciar. Te vas a comer un juicio de la puta madre. Mira lo que le hiciste. ¿No te das cuenta que yo lo amo?" Y el "justo pasaba por ahí " que trata de defenderse con un "pero si vos me pediste ayuda, te estaba por matar" y la moquienta señorita que te dice que no, que ella solo había querido que le hablaras al tipo, no que le pegaras de esa manera, concluyendo en el mejor de los casos, con un "¿por qué no te buscas una mina pajero?. Si te creíste hombre por hacer esto te comento que sos un puto vos". Al amor no hay con que darle.
Y asi, de esta manera, el "justo pasaba por ahí" va dedicando su vida al otro muy a pesar suyo. El es consciente de su cruz, de su karma, pero igual no se deja llevar por la inmovilidad. El tiene que vivir. El también es un ser humano. Por eso es que sigue exponiéndose constantemente a su destino, si total nada puede modificar. Es un boludo y lo sabe. Como también sabia esa nochecita en la que decidió ir a comprar cigarrillos al kiosco de la esquina, que algo le podria llegar a suceder y terminar habitando el hoyo mugriento en el cual hoy habita. Solo dos cuadras le bastaron caminar para toparse con un cojudo operativo policial. Un blindado agujereado por todas partes como asi tambien sus ocupantes. El cana que lo llama involucrandolo de lleno en el hecho, pero como testigo. Y el tipo que no vio nada por su puesto, pero igual firma y dice lo que no sabe, por cagón nomás y por querer hacer lo correcto con la justicia y al tiempo que se descubre que el operativo fue armado, y que los que reventaron el camion de caudales son los mismos ratis que le pidieron salir como testigo y por lo tanto queda detenido por falso testimonio. Quedo preso. Adento. A la sombra. En cana. En cafua. Yo, el "justo pasaba por ahí". Sin haberlo querido ni deseado. Solo por haber sido el que justo pasó por ahí, el que hizo lo que tenia que hacer pero a destiempo, sin buscarlo, sin desearlo, sin comprenderlo y por pelotudo.
-Oia, -dice mi compañero de celda, -entraste justo cuando mas lo necesitaba.
-¡¡Guardia!!! -grito desesperado. Y no soy Diego Torres.

domingo, 1 de mayo de 2011

LAS CARATAS, ORGULLO NACIONAL.




Relato de Miguel "MILI" Lerotich, de la revista A partir de Cero. N°-8. 1995




Si de algo no me arrepiento, es de haber viajado un poco. No por el mundo, pero si por recónditos lugares. Y se dice que con amigos todos los sitios son paradisíacos. Coincido casi plenamente. No negaria, por humildes que hayan sido los paisajes, los buenos momentos vividos. San Luis, Villa Mercedes, Merlo, Carlos Paz, Altas cumbres, Catamarca, Carmen, Chapuy, Labordevoy e intermedias.
Paisajes telúricos y auténticos. Queso de cabra y canastos de mimbre a la orilla de la ruta. Siempre dentro del país. Consciencia patriótica, que le dicen. Y, la mochila cansa, ¿viste? Deseábamos un buen lugar. Un viaje cómodo.
Ante todo declaro mediante esta publicación al extinto Bonelli Viajes: Culpable.
No conocimos Rio, Roma ni Paris (solo al doctor), pero si las Cataratas del Iguazú, orgullo nacional. Imagino igualmente mas emocionante un puñado de brasileñas en traje de baño caminando por la blanca arena, que el popular coatí (hoy casi en extinción) bajando de la arboleda. Pero con amigos. Eso es importante. Les digo más: el impacto visual de las cataratas es un espectáculo impagable. Conciso. Corto. Un impacto de treinta segundos. Para eso viajamos veintiséis horas de ida y veintiséis de vuelta. Nos sobraron catorce dias y medio que distribuimos inteligentemente entre los naipes, el alcohol y la novedosa TV brasileña. Porque si resulta aburrida la pesca, imaginen mirar como pescan. Pero, ¡que tranquilo que es! Podemos dar fe de la paz litoraleña.
De las mujeres voy a hablar después.
Suele ser injusta la vida. Mientras algunos danzan en algún lugar de la playa de Copacabana, otros contemplan con filosofía budista, el lago azul de Ipacaraí. Tan azul para unos y tan negro para otros. Pero, ¡cuántas cosas a favor! Evitamos felizmente griterías adolescentes y diversión desenfrenada. Viajamos con cuarenta ancianos, pero con un espíritu de setenta años. La penosa situación económica a la que llegamos velozmente, fue culpa del whisky importado y la propina obligatoria. Todo un presupuesto.
La belleza de Misiones no la conocimos, pero la intuímos, porque permanecimos todo el tiempo dentro del hotel, muy ausente de lujos él. Dicen que la tierra es colorada.
Pero, ¡como se divertían las ancianas con nosotros! Para mi era como tener la abuela que nunca tuve. Ahora me pregunto yo concienzudamente: ¿Que será mas grato al espíritu occidental? ¿Restregarse libidinosamente contra cuerpos morenos y de prominentes curvas al ritmo de Vinicius o rezarle, vela en mano, a la milagrosa virgencita de Caacupé? Nosotros apostamos por la virgen. Y eso se lo debemos en gran parte al desaparecido Bonelli Viajes.
Después de quince dias agotadores, terminamos el tour en la Ruinas de San Ignacio. Excelente construcción, pero viejisima. Espectáculo conmovedor, pero no por eso erótico. Mirámos los muros por un momento y dijimos: Ruinas, en algo nos parecemos.
Pero recuerdos nos quedaron. Aún hoy, pasado el tiempo, recordamos el viaje con emoción. Aquel inolvidable baile de la botella en Asunción. Donde una niña danzaba incansablemente, apilándose decenas de botellas en la cabeza. Espectáculo que en cualquier lugar de Europa costaría fortuna, pero que a nosotros nos costó apenas treinta y cinco dólares. O las caminatas nocturnas por la capital paraguaya desierta de gente pero no de agentes. Aventura pura. Mucha noche. Aprendimos también, cuan lejos está la comida francesa de la sopa paraguaya.
Eso si, sida, ni ahí. Volvimos como tantas veces, abolutamente sanos. Alejados por completo de cualquier enfermedad contagiosa o virus posible.
Pensamos en el proximo viaje. Nos hablaron mucho de Luján. De sus bondades religiosas. Su trascendencia histórica. Pero no nos convence. Estamos comprometidos. No podemos ir. No sea que se ponga celosa la milagrosa virgencita de Caacupé.
De las mujeres voy a hablar después.

jueves, 14 de abril de 2011

UN MAL SUEÑO



Yo no sé si habrá sido la opípara y contundente parrillada que en esa cena había ingerido, es decir: molleja, tripa gorda, chinchulines, riñones, chorizos y morcilla, o la locura de la cual me hago cargo poseo o la simple y llana boludez que porto, pero esa noche viví o sufrí una de las peores pesadillas de las que tengo memoria. Hinchado y con la panza repleta, obnuvilado por el tubo de tinto que habia regado la popular comida argenta, decidí irme al sobre si más. Y fue inmediatamente, que mi mundo onírico, incentivado por lo anteriormente ingerido, comenzó a fluir en forma violenta. Resulta que salía de casa como casi todos los días. La mañana era soleada y los pajaritos revoloteaban sobre mi cabeza. La gente caminaba feliz, y los niños sonreían. Todo parecia paz y armonia. Hasta que de ponto, desde las mismas paredes, allí donde los carteles intentaban convencernos a quien votar en las proximas elecciones, los rostros que protagonisarían los comicios, me hablaron directamente a la cara. Imágenes estáticas decidían tomar vida para tratar de convencerme con su propia voz de su proyecto de pais. Como si los antiguos carteles de papel, los populares afiches de antaño, se hubieran o hubiesen transformado de pronto en televisores digitales, pantallas superplanas aggiornadas a paredes, árboles y murallas de la ciudad. ¿Era el futuro? Y esto no quedaba ahi señores, digo, solo supeditado a meras imágenes digitalizadas. No. Los candidatos en un momento dado, parecian tomar vida propia. Sacaban la cabeza, te estiraban las manos como queriendo alcanzarte, y hasta algunos les lanzaban besos obscenos a las chicas del barrio y pude abservar como alguna se prendía con su boca de los labios de algún candidato. Hasta que en un determinado momento, al tener este servidor una distancia no prudencial con respecto a las imágenes, una mano se alargó de tal manera que sin demasiado esfuerzo, alcanzó mi fino cuello e introdujo a este servidor, casi, hasta el poste del cual la imagen permanecia, quedando cara con cara con el candidato de turno, mientras me escupía sus consignas imperialistas y antipopulares a viva voz. "Votame puto, que voy a ser de tu vida un paraíso, los demas que se caguen. Yo para afuera vendo utopias, pero a vos no te puedo mentir. Las ideologías murieron, el muro se cayó, ahora vivimos en la globalización". Personalizadas consignas al yo de cada uno. Algo desactualizadas consignas convengamos, pero me daba cuenta que los tipos habian llegado al extremo absoluto de hablarle personalmente a cada uno, no existia ya el mensaje a la popu, al llamado antiguamente pueblo, te atendían a vos directamente, sin tener que convocar ya a ninguna plaza. De un manotazo, recuerdo, pude zafar para luego salir corriendo desesperadamante hacia algún lugar indeterminado de la ciudad, tras un endemoniado coro de locas consignas y slogans varios. La huída me pareció perfecta, como alada, y en un tiempo que en los sueños no se puede percibir. De un momento a otro estaba salvado, puro y vacio de temor. Pero de pronto todo volvía a enrarecerse. Las imágenes retornaban, pero ahora desde todas partes, no solamente supeditadas a las consignas politicas, no, porque ahora todo mensaje a modo de publicidad, señalización o advertencia, lo era a viva voz. Los semáforos hablaban, ya no eran un color, no, ahora era una voz que te decia: "¡Ey, está en rojo, no podes pasar flaco!, o ¡que ofertón de fin de mes, todo al costo, 50% de descuento mujer!, o ¡tené cuidado con el rope que esta furioso y muerde chabón!" Esa nueva versión de Balada para un loco no se la hubieran imaginado Ferrer y Piazzolla ni en un viaje de ayahuasca. Gritos, alaridos, aullidos, compitiendo todos entre si para que pudiesemos escuchar, y como todo era al mismo tiempo, el mensaje se diluía entre el ruido y la histéria y entonces los volúmenes se incrementaban tremendamente. Todo el mundo a los gritos porque las personas verdaderas para comunicarse entre si también debían elevar el volúmen de sus voces hasta transformar a todo en un despelote insoportable. Mas volúmen, más ruido, más, más, hasta que todo explotaba por los cielos como una bomba tremenda y final.
¡Que fea y horrible experiencia la de esa noche! ¡Que sueño traumático! Como en una mala película me vi violentamente incorporado mirando de lleno a la cámara, sudando a más no poder y para colmo de males sin nadie a mi lado que me dijese tiernamente: "fue solo un mal sueño". Me costó restablecerme como ser humano consciente. Luego de un lapso que intuyo prolongado, pude lograr desacelerar mi ritmo cardíaco y el temblor provocados por una tremenda taquicardia. Ya han pasado unos dias de esa loca experiencia, la misma cantidad de dias que llevo sin pegar un ojo. Temo volver a dormirme cual protagonista de una peli de Freddy krueger.
Salgo al parque a caminar y a disfrutar del solcito otoñal que mezclado con la brisa del viento suave me hace revivir. Comprendo que todo a sido solo un mal sueño. Las hormiguitas trepan un tronco colorado de un arbol añejo, las sigo con la mirada y descubro un cartelito que le han hecho a una quinceañera. Veo un rostro en blanco y negro fotocopiado, riendo. Un texto en manuscrito dice a los gritos: ¡¡¡Buscada!!! y a viva voz. La mina me toma de lo pelos sacudiéndome la cabeza como lo haria con un monigote, me acerca a ella, me muerde la oreja, me escupe la cara, y descubro que no es un sueño, no señores lectores de la mas popular revista humorística de la city, es la misma realidad, la puta que lo parió. ¡Soltame hija de puta! Y la pendeja que me grita cosas que no puedo entender, algo asi como que soy un dormido, que me despierte de una vez, para luego abrir los ojos y ver a mi madre tratando de despertarme y dieciéndome: che, te dormiste en el pasto. ¿porque no te vas a la cama? ¡Estas raro ultimamente! Me habia dormido otra vez, el sueño me habia vencido y lo positivo de todo esto era que seguia siendo un mal sueño. Me encamino entonces hacia el living de casa. Me caliento una sobra de comida en el microondas, enciendo la tv, me engancho con un reality que está buenisimo, me olvido completamente de mi almuerzo y entonces desde el mismo microondas, el pollo que esta calentándose me grita: ¡Boludo sacáme de acá que se te esta quemando la comida! Y ya no sé si realmente estoy despierto o viviendo un mal sueño en forma de pesadilla.

sábado, 19 de marzo de 2011

LA OTRA NOCHE


Corría el año 1995 y el por ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde se aprestaba a reducir la noche hasta las cuatro. El objetivo era salvaguardar a los jóvenes de la droga, el alcohol y el libre albedrío. Proponía volver a los bailes familiares en clubes de barrio.
Temeroso que esa ola santificadora llegara a mi ciudad una noche oscura vomité lo siguiente:


Me pasó que volviendo, la otra noche, de algún lugar, creo, poseído, envuelto, turbio, burbujeante casi hasta el hartazgo, domingo ya, caminando, me encontré en el medio de una inmensa avenida, nos encontramos también diría, por esas cosas del Ser y del Yo, tan monstruosamente solo, solos, demasiado despierto, lúcido, sin nada por hacer más que irse a dormir y la policía tan cerca y nosotros tan sospechados de vida, de ganas, buscando un segundo más, exprimiendo la noche hasta mas no poder.
¡Ay! Tan solo y vos no estabas. ¿Dónde estarías? ¿Dónde? En que sitios, quizás tan idénticos a estos. Encierro, nada, sequía o como Cortázar dijera tan acertado: “café con leche”. O como Marcelo: “reloj despertador”. Y digo también: “té con limón”, “misa de ocho”, “naranja pintada”.
¿Hay alguien por ahí? ¿No seremos parias de la noche? Lo prefiero a ser paria del día.
Cuando solo quedan semáforos amarillos, titilantemante exactos.
Tic. Tic. Tic: precaución.
¿Qué quieren? ¿Quieren más? ¿Dónde van? ¿Buscando qué?
Y la noche se apagaba tristemente, ignorada, inadvertida, desubicada. Se apaga desde el conurbano bonaerense, lentamente, moribunda desfallece en un largo, interminable y eterno día gris.
Impacientes esperamos, ansiosos, la próxima por venir, la otra noche, la que viene, para renacer, sin haber muerto, casi, de día.

lunes, 14 de marzo de 2011

TOTAL REPULSION



-Se va todo a la puta que lo parió. Total después todo se va a la mierda -dijo y se subió a un colectivo que iba para el norte. Y decir el norte era como decir nada o todo. Porque en realidad no importaba el destino, o si, pero la cuestión era salirse, escapar, no tener mas presencia en esa ausencia en la que había sobrevivido a diario. Ese permanecer durando, sin sentido y sin sentir en el que había languidecido durante un largo tiempo luego de una ruptura traumática e hincha pelotas como la que había experimentado. Vivir una ruptura no era cómodo. Y mucho menos para el, que siempre se había atado a todo lo que se le acercaba. Esa manía de querer apoderarse del mundo si hubiese sido posible, casi al instante mismo del contacto corporal, visual, auditivo, olfativo y ni hablemos si las papilas gustativas lograban reconocer algún sabor gustoso. Se apegaba a las cosas tanto como a los seres de una manera casi enfermiza. Y mientras se iba miraba por la ventanilla del transporte de pasajeros de larga distancia a las personas que caminaban por las veredas de las ciudades y pueblitos que dejaba atrás y deteniéndose particularmente en alguna chica sentada en algún umbral, inmediatamente le surgía una nostalgia infinita, pretérita, casi empalagosa. Un peso en el pecho por lo que no iba a ser nunca. Por lo que podría haber sido. Por la finitud y la inmensidad del ser humano. Sus amigos resumían todo con un término que el odiaba. Calentón le decían. Pero no era una mera calentura. En el funcionaba una maquinaria dificil de testear. Nadie, solo el, podia analizar, a veces, semejante complejidad. Analizar era el termino. Y lo hacia, efectivamente, pero con resultados que muchas veces, por no decir todas, atentaban contra su salud mental. Y en realidad un poco al loco jugaba. No le disgustaba la imagen. Pero el estereotipo lo ponia en evidencia. Se le notaba en seguida nomas la mentira. La gente que lo rodeaba ya no le creia. Y la mas cercana, es decir aquella que por un tiempo habia compartido la cama y sus miserias, menos aún. Entonces ahi fue, de una manera brutal y sencilla, que comprendio lo que tenia que comprender. Nunca iba a patear una pared descalzo ni a comer vidrio. Y menos iba a permitirse que alguien o algo se le pegase como antaño. Y fue quizas por ese motivo que decidió acatar todas las directivas que su psicólogo le habia impuesto. Le habia dicho que de aqui en mas tratara en lo posible de que la gente se le alejara. Que evitara la atracción. Que pusiera en funcionamiento su fuerza centrífuga como centro expulsador. Eso le había dicho. Cuando bajó del colectivo de un saltito sintió como que de su boca algo se desprendia. Miró hacia el piso y vió que era uno de sus dientes. Ya no era un niño como para para que eso le sucediera, pensó en ese instante. Caminó unos pasos. Miró al canillita que estampado contra la pared pedia ayuda con los ojos saltones como queriéndoseles salir. Luedo otro diente se despedia de su boca pero esta vez con mucha mas violencia incrustándosele en el ojo a un pobre perro que al ser por el observado salia como expulsado hacia la ruta. Y de inmediato sucedió que todo de repente comenzó como a escaparle, todo todo. Las árboles, los pájaros, las piedras del camino, las casas, los autos, la gente. Todo se expandia, todo le huia, hacia afuera, rápido y violentamente. Y cuando ya nada habia a su alrededor le llegó el turno a su pobre cuerpo maltratado. Uno a uno sus dientes fueros escapando hacia el sentido contrario de su humanidad. Hacia afuera. Luego fueron sus extremidades, tanto las superiores como las inferiores. Habia quedado arrastrándose como una babosa. No podia creer la situación. No había querido tanto. No se había dado cuenta de su inmenso deseo. Se iba todo para afuera. Ya era solo cabeza, sin cuerpo, casi sin nada. Uno a unos sus cabellos, los pocos que le quedaban fueron también lléndose raudos hacia la nada o hacia el todo, e inclusive bajo semejante presión causada por tal situación el tuvo la capacidad de reflexionar, con lo poco de cerebro que le quedaba sobre semejante experiencia, hasta que fue solo suspiro, alma, inconciente, soplo, espiritu, solo 28 gramos de eso que no se puede asir. Solo. Eso. Y nada mas.

jueves, 27 de enero de 2011

FRASES (DES-HECHAS)



Hay cosas que en esta vida no se entienden. La capacidad de comprensión dicen que suele llegar con los años. Por acá no apareció. Digo, ningún tipo de capacidad ni de comprensión.
Hoy por ejemplo tuve, por una cuestión médica, que levantarme mas temprano de lo debido para realizarme un análisis. Muy temprano. Demasiado. Tratando este servidor de sacarle rédito al momento o de verle el lado positivo, fue repitiendo un refrán popular y medio estúpido que descubrió, al retirar la fecha del almanaque, detrás de la ojita que contenía el número que correspondía al día en cuestión. “Al que madruga Dios lo ayuda” decía. Motivado por tal aseveración y pensando quien habría sido el genio que se había tomado el tiempo para crear semejante profundo pensamiento, (tenés que estar muy al pedo) tomé la calle alocadamente. Que viniera lo que tuviera que venir, decía. Pero al ir degustando dicha frase como a una raba y/o calamar frito, fui preguntándome a cerca de su utilidad y de su eficacia. Porque si uno tomara textual lo que quería significar la frasecita quería decir entonces que a ningún sereno le llegaría nunca la ayuda divina. El tipo se acuesta a esa hora y no porque sea un blasfemo o un descreído, no. El chabón consiguió ese trabajo en ese horario. ¿Y el DJs entonces? ¿Y el mozo? ¿Y el que cuida a una viejita de noche? ¿y el médico de guardia? Digo, habría que rever al menos algunos de estos refranes.
Por ejemplo otro que siempre me llamó la atención: “Fracasar es la oportunidad de comenzar de nuevo con más inteligencia”. Si ese refrán fuera cierto este servidor seria Einstein ¿entendés? O pongamos a consideración este también mas que popular y ultra cristiano de “Es mejor dar que recibir”. Depende. Yo te digo depende. De según como se mire todo depende, como diría la canción. Porque realmente creo que hay gente que te diría totalmente lo contrario. Y no es que estoy discriminado, de ninguna manera. Solo digo que “es según con el cristal con que se mire”. Y juro que sin querer fue que apelé a este otro. El inconsciente me jugó, una vez mas, un mala pasada.
Y si, he llegado a la conclusión que la mayoría o al menos muchas de estas máximas populares tienen un origen cristiano, porque están siempre como advirtiéndote o aconsejando cosas casi imposibles de realizar, convengamos. Porque si bien mi origen es eminentemente católico, apostólico y romano, no se si podría llevar a la practica el “haz bien y no mires a quién”. Hay gente a la que la pasaría de largo, si es que algún bien podría este sujeto hacer. Porque hasta me da la sensación que al bien siempre lo tienen que hacer los mismos. Y me pregunto casi inocentemente: ¿Qué es hacer el bien para Gobrocopatel? ¿Es el mismo bien que podría efectuar este ignoto payaso? Entonces llego a la conclusión que hay distintos niveles y posibilidades de hacer el bien. Y me da la sensación que las probabilidades para que Grobo sea canonizado son mucho mas altas que las del payaso Abrojo.
Y convengamos que desde que se a implementado el análisis de ADN este que reza “de tal palo tal astilla” quedó un poco d-modé. ¿Será entonces que tal como están las cosas y como va la vida “ser padre es una cuestión de fe?”. No se, lo único que le puedo afirmar amigo lector es que “solo se que no se nada”. Y no se si tanto mire.
Y como mensaje me gustaría dejar para todos mis seguidores, ya que estamos con este jueguito, un refrán que textual seria una escándalo publicarlo por ser demasiado populacho y obsceno. Es por eso que tratando de seguir con las buenas costumbres e intenciones que caracterizan a esta sublime publicación decidimos reemplazar las sucias palabras del refrán original por otras un poco mas académicas, pero manteniendo el significado original. “Cuan vanos y fútiles resultan los empellones cuando el miembro presenta tallas diminutas”.

viernes, 7 de enero de 2011

EL EXTRAÑO MUNDO DE ABROJO



Yo no puedo explicar fehacientemente como sucedió. Un impulso fue. Un acto reflejo y reaccionario. Si, eso. O a lo mejor pasó que después del brindis o de los brindis, me sentía un poco incómodo por la hinchazón y la acidez y entonces el humor ya no era el mismo que el que tenia antes de la cena. Tal vez fue por eso que al verlo ahí personalmente, como si nada, envuelto en esos calurosos atuendos rojiblancos y esa barba pegajosa por la baba y esa risotada casi impostada -¿quién se ríe así?- no tuve otro deseo que matarlo. Si, escuchó usted muy bien inteligente lector de este blog, quería asesinarlo, lisa y llanamente.
Pero debo reconocer que lo poco de humano que me quedaba al dejar fluir ese sentimiento oscuro, lo reserve para extenderle la vida solo unas horitas. En cuantito el gordo transpirado depositó los juguetes que ansiosamente aguardaban mis pequeños hijos debajo del arbolito, sin que nadie me viera, lo tomé con mis brazos fuertemente del cuello y lo arrastré hacia el interior del galponcito del fondo. Las estrellitas se reflejaban en la ventana manchada del cuarto trasero cubierto de chapas y pesadas cubiertas de autos. Con una cinta gruesa y plateada le tapé la bocota. Los ojos le saltaban para afuera como queriéndoseles escapar de sus cuencas. Era fuerte el chabón, pero no pudo soportar el fierrazo en su espalda. El fierrazo que le descerrajé digo. Se mantuvo unos segundos atontado sobre sus rodillas y después se desmayó. Ahí lo tenia dormidito al gordo insoportable. Lo miraba y no podía creer que eso estuviera sucediendo. Era real. Papá Noel existía y yo lo tenia desmayado en el galponcito. Esa era al fin mi oportunidad. El momento en que este humilde ser humano mortal y nada de mágico le pediría explicaciones al tipo. Ahora me tocaba a mi. Es que me había cansado. Arto estaba ya. Todo tenia un límite, me decía a mi mismo.
Cuando el susodicho abrió los ojos yo estaba sentadito a su lado pitando tranqui. Las bolas de los ojos le daban vuelta sin detenerse. Era evidente que una cosa así no se la esperaba. Para ese momento el tipo estaba ya maniatado hasta mas no poder. Ni los reyes magos lo salvarían. Tardó un rato en comprender su situación. Cuando creí que no haría ninguna acción que pusiera en peligro mi operación espontánea, le corrí un poquito la cinta de su boca. Tuve la suerte que el grito que pegó el gordo traidor fuera opacado justo por una explosión de rompeportón estruendoso. Y con un: "No sabes la que te espera ahora", dirigí nuevamente la cinta a su lugar anterior.
-Mirá gordito, le dije a modo de introducción –acá ahora el que manda soy yo. Vos no tenes idea lo que yo soñaba con este momento. Desde chiquito nomás. Cuando te empiezan con la perorata viste. Bah que te voy a contar a vos ¿no? Bueno, desde esa época. Y no es el tema de los regalos, no. No se porqué carajo vos siempre a mi me trajiste lo que te pedí y mas. En ese sentido nunca tuve trauma. Y si bien por ahí a algún amiguito mío no le traías lo que pedía, nunca fuiste causa de ningún mal trago o fea experiencia. Lo que me daba bronca –y voy a ir de lleno al tema- era tu volatilidad. O mejor dicho, tu invisibilidad. No poder verte ni tocarte. No poder interactuar con vos ¿entendés? Porque si bien para estas épocas aparecen un montón de Santas disfrazados, no es lo mismo. Yo mismo he tenido un amigo que trabajaba en un Shopping de eso. Pero te digo, no es lo mismo. Primero fue eso. Yo no lo podía entender. Por eso es que te tengo acá. Quiero saber de tu propia voz. A ver contáme, dale. Contáme o explicáme el porque del traje. Porque el color. ¿Sos gallina vos? ¿Sos puto? ¿Por que tanto abrigo si acá hace cuarenta y cinco grados de calor a la sombra? ¿eh? ¿Qué escondes? Porque ahora que soy grande yo quiero saber ¿entendés lo que te digo? No me gusta que me mientan a mi. ¿Cuantos años tenes? ¿Cómo haces para repartir tantos regalitos como niños hay en el mundo con esa bolsita de mierda eh? Nooo, no te quieras escapar eh. Mirá que te tengo bién atado eh, si, muy bién atado. A ver y lo de los renos, ¿es verdad que vuelan? Y ¿son siete u ocho? ¿Porque comemos garrapiñadas con el calaron que hace acá.? ¿Porqué hay nieve en el arbolito? Che Santa ¿Quién es ese bebé del establo? A ver santa si sabes esta, presta atención ¿eh?: Porqué si el nacimiento de Jesús o sea el día veinticinco es considerado como punto de partida para los cristianos occidentales, se toma el primero de enero como primer día en el calendario nuestro ¿eh? ¿Qué pasa con esa semana del medio? ¿Qué como en el limbo queda? Decidámonos Santa por una fecha. No suena serio viejo.
Juro que para ese momento, el gordo bufaba como un buey en celo. El pelo encanecido chorreaba agua y hasta en un momento me pareció que un mechón rodaba por el piso mugriento. Me llamó la atención que un chorro como de maquillaje le corriera por la pera. E imagínense si lo anterior produjo en mi un llamado de atención, como habré entonces reaccionado cuando de un costadito de la comisura del labio una pequeña porción de la cinta cediera su pagamentosa adherencia y de ahí un fino alarido dejara escapar una palabra nombrando un nombre.
-Joseeeeffaaaaaaaa!!!!
Papá Noel gritaba Josefa, el nombre de mi vecina. Papá Noel, que no era Papa Noel, sino su marido, el Braulio, que se había disfrazado para los chicos del barrio y yo lo ignoraba como tantas cosas ignoro. El revuelo en el vecindario fue escandaloso. Al Braulio que se lo llevó la ambulancia porque casi se muere ahogado y la mujer que me puteaba en todos los idiomas y en todos los colores. Los vecinos que se me cagaban de risa y culpaban a la Farruca por lo sucedido. Los chicos llorando porque creían a santa muerto y la cana que me subía al patrullero como a un delincuente, justo a mi, el último creyente vivo, el ultimo creyente en Papá Noel.