
Yo no puedo explicar fehacientemente como sucedió. Un impulso fue. Un acto reflejo y reaccionario. Si, eso. O a lo mejor pasó que después del brindis o de los brindis, me sentía un poco incómodo por la hinchazón y la acidez y entonces el humor ya no era el mismo que el que tenia antes de la cena. Tal vez fue por eso que al verlo ahí personalmente, como si nada, envuelto en esos calurosos atuendos rojiblancos y esa barba pegajosa por la baba y esa risotada casi impostada -¿quién se ríe así?- no tuve otro deseo que matarlo. Si, escuchó usted muy bien inteligente lector de este blog, quería asesinarlo, lisa y llanamente.
Pero debo reconocer que lo poco de humano que me quedaba al dejar fluir ese sentimiento oscuro, lo reserve para extenderle la vida solo unas horitas. En cuantito el gordo transpirado depositó los juguetes que ansiosamente aguardaban mis pequeños hijos debajo del arbolito, sin que nadie me viera, lo tomé con mis brazos fuertemente del cuello y lo arrastré hacia el interior del galponcito del fondo. Las estrellitas se reflejaban en la ventana manchada del cuarto trasero cubierto de chapas y pesadas cubiertas de autos. Con una cinta gruesa y plateada le tapé la bocota. Los ojos le saltaban para afuera como queriéndoseles escapar de sus cuencas. Era fuerte el chabón, pero no pudo soportar el fierrazo en su espalda. El fierrazo que le descerrajé digo. Se mantuvo unos segundos atontado sobre sus rodillas y después se desmayó. Ahí lo tenia dormidito al gordo insoportable. Lo miraba y no podía creer que eso estuviera sucediendo. Era real. Papá Noel existía y yo lo tenia desmayado en el galponcito. Esa era al fin mi oportunidad. El momento en que este humilde ser humano mortal y nada de mágico le pediría explicaciones al tipo. Ahora me tocaba a mi. Es que me había cansado. Arto estaba ya. Todo tenia un límite, me decía a mi mismo.
Cuando el susodicho abrió los ojos yo estaba sentadito a su lado pitando tranqui. Las bolas de los ojos le daban vuelta sin detenerse. Era evidente que una cosa así no se la esperaba. Para ese momento el tipo estaba ya maniatado hasta mas no poder. Ni los reyes magos lo salvarían. Tardó un rato en comprender su situación. Cuando creí que no haría ninguna acción que pusiera en peligro mi operación espontánea, le corrí un poquito la cinta de su boca. Tuve la suerte que el grito que pegó el gordo traidor fuera opacado justo por una explosión de rompeportón estruendoso. Y con un: "No sabes la que te espera ahora", dirigí nuevamente la cinta a su lugar anterior.
-Mirá gordito, le dije a modo de introducción –acá ahora el que manda soy yo. Vos no tenes idea lo que yo soñaba con este momento. Desde chiquito nomás. Cuando te empiezan con la perorata viste. Bah que te voy a contar a vos ¿no? Bueno, desde esa época. Y no es el tema de los regalos, no. No se porqué carajo vos siempre a mi me trajiste lo que te pedí y mas. En ese sentido nunca tuve trauma. Y si bien por ahí a algún amiguito mío no le traías lo que pedía, nunca fuiste causa de ningún mal trago o fea experiencia. Lo que me daba bronca –y voy a ir de lleno al tema- era tu volatilidad. O mejor dicho, tu invisibilidad. No poder verte ni tocarte. No poder interactuar con vos ¿entendés? Porque si bien para estas épocas aparecen un montón de Santas disfrazados, no es lo mismo. Yo mismo he tenido un amigo que trabajaba en un Shopping de eso. Pero te digo, no es lo mismo. Primero fue eso. Yo no lo podía entender. Por eso es que te tengo acá. Quiero saber de tu propia voz. A ver contáme, dale. Contáme o explicáme el porque del traje. Porque el color. ¿Sos gallina vos? ¿Sos puto? ¿Por que tanto abrigo si acá hace cuarenta y cinco grados de calor a la sombra? ¿eh? ¿Qué escondes? Porque ahora que soy grande yo quiero saber ¿entendés lo que te digo? No me gusta que me mientan a mi. ¿Cuantos años tenes? ¿Cómo haces para repartir tantos regalitos como niños hay en el mundo con esa bolsita de mierda eh? Nooo, no te quieras escapar eh. Mirá que te tengo bién atado eh, si, muy bién atado. A ver y lo de los renos, ¿es verdad que vuelan? Y ¿son siete u ocho? ¿Porque comemos garrapiñadas con el calaron que hace acá.? ¿Porqué hay nieve en el arbolito? Che Santa ¿Quién es ese bebé del establo? A ver santa si sabes esta, presta atención ¿eh?: Porqué si el nacimiento de Jesús o sea el día veinticinco es considerado como punto de partida para los cristianos occidentales, se toma el primero de enero como primer día en el calendario nuestro ¿eh? ¿Qué pasa con esa semana del medio? ¿Qué como en el limbo queda? Decidámonos Santa por una fecha. No suena serio viejo.
Juro que para ese momento, el gordo bufaba como un buey en celo. El pelo encanecido chorreaba agua y hasta en un momento me pareció que un mechón rodaba por el piso mugriento. Me llamó la atención que un chorro como de maquillaje le corriera por la pera. E imagínense si lo anterior produjo en mi un llamado de atención, como habré entonces reaccionado cuando de un costadito de la comisura del labio una pequeña porción de la cinta cediera su pagamentosa adherencia y de ahí un fino alarido dejara escapar una palabra nombrando un nombre.
-Joseeeeffaaaaaaaa!!!!
Papá Noel gritaba Josefa, el nombre de mi vecina. Papá Noel, que no era Papa Noel, sino su marido, el Braulio, que se había disfrazado para los chicos del barrio y yo lo ignoraba como tantas cosas ignoro. El revuelo en el vecindario fue escandaloso. Al Braulio que se lo llevó la ambulancia porque casi se muere ahogado y la mujer que me puteaba en todos los idiomas y en todos los colores. Los vecinos que se me cagaban de risa y culpaban a la Farruca por lo sucedido. Los chicos llorando porque creían a santa muerto y la cana que me subía al patrullero como a un delincuente, justo a mi, el último creyente vivo, el ultimo creyente en Papá Noel.
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