domingo, 6 de mayo de 2012
Mi TRANSGRESIÓN.
Jamás imaginé que algo así fuera a sucederme. Y ésta es la explicación correspondiente a la oración anterior. Desde adolescente ya, digamos en mitad de septimo grado, comencé a descubrir por mí mismo, que la vida no era tal cual mis padres me la habían descripto. Empecé a sospechar que esa magia que representaban figuras tales como Papa Noél, los Reyes Magos, el niño Diós, el Repollo, la CigÜeña, el Cielo y hasta el Cuco y el pecado, habían sido solo -nada menos- meras ilusiónes o amenazas, pergeñadas por los mayores con el solo objeto de introducirme dentro del sistema, mediante su represor método educativo, tal como éstas sociedades occidentales, católicas y capitalistas lo imponen. No tengo que explicar que sufrí una gran decepción.
Inmediatamente, ingresando ya en el secundario, mi odio se fue transformando en rebeldía militante y fuí por los caminos transgrediendo todo lo impuesto por la sociedad. Del pelo largo pasé a la cresta puntiaguda, escupiendo a todo aquel que se me interpusiera en mi camino.
Poblé mis brazos con todo tipo de tatuajes causando desagrado y temor en todos los que me rodeaban. Llené mi cuerpo de agujeros, dentro de los que deposité toda clase de aros y piercings, autoflagelándome a mas no poder. Amaba a Bukovsky. No me perdía ningún programa de Pergolini.
Cuándo en el colegio logré con satisfacción, sobrepasar el tope de amonestaciónes permitidas por estas entidades de educación secundaria, tras un escándalo por mí protagonizado, luego de haber arrojado en el salón, ocho bombitas de olor y por lo tanto haber sufrido este servidor, la expulsión de dicha institución educativa, fué que calcé una mochila en mi espalda y cuál transhumante de los caminos, los recorrí sin detenerme a pensar que idioma hablaban sus habitantes o de que color eran sus pieles. Eso era libertad.
Las mujeres eran para mí sólo un mero acto sexual. Las agarraba para joda.
Innumerables fueron las veces en que la autoridad echó sobre mi sus perros guardianes, tratando de impedir que mis blasfemias hacia el gobierno de turno se llevaran a cabo o llegaran a destino. Era un anarquista en potencia. Temíanme. Alcohol, drogas, sexo, vida al borde del abismo, velocidad sin miramientos. Cuantas veces me han visto horrorizados feligreses, ingresar a misa de ocho, borracho, al grito de: "¡Diós no existe!"
Pero jamás imaginé que algo así fuera a sucederme.
Y fué un miércoles cerca del mediodía. Recién levantado, montado sobre mi DK 125, dirigíame esa mañana más veloz que un rayo, hacia el centro de la ciudad, a causar mis típicos desmánes. Era un dia ideal para tales manifestaciónes, ya que el sol, que detesto tanto, se expresaba con total libertad. Mis ojos irritados observaron un cercano semáforo con luz verde. Aminoré la velocidad midiendo la distancia para agarrarlo cuando el rojo estuviera en su plenitud. Y sucedió que al mirar sobre mi hombro, al costado mío, una señora en bicicleta con un pequeño detrás, un niño en patineta, un señor a bordo de un BMW, imitaron mi loca maniobra. Se equivocaron, pensé.
Seguí mi mortal viaje doblando a contramano una esquina poblada de automóviles. Y otra vez para mi sorpresa, distintos vehículos giraron como yo, como a propósito digamos, en dirección no debida, subiendo algunos, como sacados por sobre las veredas, atropellando a cuánto transeúnte se les atravesare. ¿Que mierda era lo que pasaba? Porque no solamente el gentío era el que no acataba las leyes de tránsito, sino que además, al pasar haciendo willy por una escuela pública primaria, descubrí como los niños apedreaban las ventanas de la misma y conjuntamente con sus propias madres, castigaban a puño cerrado a unas cuántas maestras de la institución, mientras que un grupo de jubilados ataban a tres o cuatro inspectóres de tránsito con el objetivo serio de incinerarlos en público.
Al seguir mi loca carrera por las, a esa altura, extrañas calles de una ciudad transformada, y debo reconocerlo, tratando de huír hacia los arrabales, casi sin quererlo, ví como unos cuantos ciudadanos enfervorizados, tomaban la municipalidad local al grito de : "¡El poder es de quién lo tome, abajo cualquier tipo de autoridad!"
Pero lo que más llegó a transtornar mi intendimiento y mi capacidad de comprensión, fue cuando ya en la ruta, vi con mis propios ojos, como éstas eran atravezadas por diferentes bólidos agrarios en forma de piquetes. Ese creo fue el detonante. Ahí fué que me decidí. ¿Como podía ser que todos actuaran desobedeciéndo, rompiendo, no acatando? Si hay una cosa que no soporto, es no ser original. Es por eso, solamente, que he tomado esta decisión. Ya no seré el que transgreda. Me he quitado los aros. He peinado mi cabello con gel. Me he puesto un traje de un color gris triste. Tapo mis tatuajes con camisas de mangas largas. Me he calzado en los piés un par de mocasines negros. Trabajo en una sucursal de una institución bancaria. Soy oficialista.
Esta es mi última genialidad. No transgredir es mi transgresión.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Me Gusto. Mucho, como la mayoría de lo que escribís, o leo (No todo me Gusta, es natural. Y Como todos hacen, no todo lo leo).
ResponderEliminar"Brasita". Nadie es más "jugado" que vos.
Un Abrazo Enorme.