
El tiempo se detuvo y ya no importó la realidad. Ninguna.
Cuando desperté, Echeverry me miraba directo a la cara sacudiendo mi cabeza violentamente.
-Despertáte boludo. ¿Qué te paso? Despertáte.
Con un enorme esfuerzo pude abrir los ojos y me di cuenta que la morocha yacía a mi costado con sangre en su rostro. Tome su cara manchándome de rojo. Parecía muerta y no sabía su nombre.
-No la toque ¿Qué mierda hizo? Rajemos de acá.
-Pero, no se que pasó. Yo no recuerdo que pasó Echeverry.
-Se mandó una cagada. Y grande maestro.
Cuando atravesamos el boliche todavía la rubia se bamboleaba sobre la barra. Echeverry se detuvo un instante como queriendo aferrarse a ese momento que intuía irrepetible. Tomó entre sus manos el vaso y con un golpe seco dejó concluir su denso contenido dentro de su garganta seca. El destino indomable tenía su color identificatorio, borgoña era, como la sangre, destino trágico, de no saber que pasa. Ni atrás ni adelante, no. Ni arriba ni abajo. Y seguir, a pesar de todo seguir.
Echeverry me miró con su mentón pegado a su hombro tratando de encontrarme quizás por primera vez.
-Los bomberos no me retuvieron. Mi cabeza dio de lleno contra el pavimento. Tendría que estar muerto.
-Tenemos que irnos Echeverry. Tenemos que irnos.
-¿Irnos? Usted está loco amigo. No podemos ir ya a ninguna parte. Estamos atrapados. No se haga el boludo ahora.
-Si, pero tengo que salirme, no soporto mas esta situación. Este es el momento para escapar, ahora es, porque me estoy dando cuenta que ya no puedo hacer mas nada. Lo único que podría hacer por usted es dejarle el libro, pero lamentablemente no lo tengo en mi poder y no tengo las pruebas suficientes.
-Dígame una cosa, usted siempre sale así. ¿No le parece demasiado absurdo su modo de actuar? Para mi todo esto es una gran pelotudez. Usted es un boludo importante y además un asesino. Porque no se olvide que esa mujer esta muerta, muerta maestro.
-Falta mucho para que mi hora llegue papi.
La irrupción de la mujer conmovió nuestras humanidades masculinas sobresaltándolas. La morocha se limpiaba la sangre de su cara con las manos introduciendo su dedo índice entre sus labios cual vampira sedienta de sangre.
-Es tomate. Cuando yo hago el amor todo se derrumba. La estantería se nos vino encima chicos. No mataron a nadie.
Juro que no podía creer lo que acababa de observar. La morocha a Dios gracias no estaba muerta, pero me producía lo que comúnmente se denomina vergüenza ajena el modo en que el escritor había resuelto la escena. Era de una ordinariez suma. No podía estar dentro de una trama en donde un incapaz era el que escribía la historia. El teléfono, el desmayo eran una salida de telenovela barata y el tipo lo implementaba sin miramientos. ¿Qué era lo que quería? Pero lo que mas lástima me causaba era Echeverry. El tipo no tenia salida. Estaba perdido. Y era evidente que Kuts se estaba cagando de risa de todos nosotros.
Pero no todo era como este servidor pensaba. Echeverry también lo hacía, y creo que a toda velocidad. Su cabeza se movía velozmente como apremiado por el tiempo. El tipo analizaba con certeza la situación. Su hora llegaría en cualquier momento y algo tenia que hacer.
Cuándo la morocha se perdió entre el humo del local nocturno sin explicación ninguna, Echeverry introdujo su mano dentro de su sobretodo cremita, y extrayendo un hermoso revolver plateado dejó escapar un comentario que intuí grosero. Mi cara se reflejo en el caño viéndome despeinado.
-¿Pero que mierda hace?
-Usted no se va de aquí ni a palos señor. Tenemos que resolver unas cositas todavia. Me va a decir como es que se introdujo en la história. Tengo que ir a su mundo para hacer boleta a Kuts. Porque sino el muerto va a ser usted.
Salute, estamos en la mesma, ambos nos hemos ido de clarinete city. Te deseo lo mejor, o sea que te diviertas mucho haciendo lo que te gusta. Me iré poniendo al dia, veo que venis entonado, y viene bien la saga, lei las primeras dos (la estrepitosa caida de Juan....). Abrazo
ResponderEliminar