sábado, 14 de agosto de 2010

BAÑOS.


El escritor postmoderno, escéptico y español Manuel Vicent, en una de sus reconocidas aguafuertes publicadas en el diario el país de España (en realidad yo lo leí en la Capital de Rosario cuando baja sus notas) cuenta que cuando tiene la posibilidad de visitar la ciudad de Buenos Aires, tiene como costumbre asistir al conocido bar literario Clásica y moderna. Y fue en una de esas visitas al conocido local literario que el escritor admitió haberse sorprendido ante la repercusión que había causado ante la gente que en ese momento permanecía en el local, su presencia. Pero mas fue su sorpresa cuando descubrió que al ingresar al baño, justo al lado de la puerta del retrete una imagen suya encuadrada colgaba como inerte. Toda clase de elucubraciones viajaron entonces por su prestigiosa mente. ¿Por qué justo su imagen era la colgaba junto a la puerta del lavado?
¿Lo conocían entonces por ese motivo y no por sus dotes literarios? ¿Por qué el baño justamente? ¿Qué significación le adjudicaban a ese lugar y por sobretodo a el, los dueños del bar? Los baños y sus particularidades.
El baño es un espacio que suele tener otra dimensión en la vida del ciudadano común. Es una salida. Un mundo paralelo, descontracturado y privativo de toda civilización. El señor López lo explicaría con profundidad onda.

Días pasados el prestigioso critico del espectáculo y ladero del ex simio…eximio Jorge Rial, Luis Ventura, le preguntó maliciosamente a la exuberante travesti Flor de la V, a que baño acudiría en caso de encontrarse en un lugar público tal como un restaurante y tuviere la urgencia de evacuar su liquido excedente elemento. Dejo a consideración del inteligente lector de la revista ojito la respuesta de Flor.

En un baño de la Perla del once Tanguito compuso La balsa. Litto Nebbia entró y completaron la popular canción.
Ricardo Arjona no compuso “Señora de las cuatro décadas” en un baño. Y sin embargo la canción huele feo.

Hubo un personaje llamado José, que recopiló durante gran parte de su vida adulta, porque la niñez es demasiado seria como para haya un niño que se dedique a semejante pelotudez, escritos, frases y/o graffitis que asistentes al retrete, habían escrito en sus paredes. Y estoy seguro de que José, en algún momento, leyendo lo escrito por esos poetas anónimos, tuvo la convicción de que Borges no iba al baño.

Una vez parado frente a un mingitorio del centro cultural, me di cuenta que el que estaba al lado mío era Fito Páez.
En otra ocasión parado también frente a uno de esos mamotretos muy usados por los hombres, me di cuenta que el que estaba junto a mi era Federico Luppi.
Y en otra ocasión, en una situación parecida pude observar lo ancianita que es China Zorrilla y comprobar que me había equivocado de baño. Por suerte a Flor de la V nunca me la encontré.

Hay quién lee en el baño. Hay quién toca la guitarra y canta. Hay quién calla o grita. Hay quién escapa del mundo y sobre todo de su hogar. Pero también debo reconocer que los baños públicos te quitan libertad. Porque no hay nada mejor para un hombre argentino y venadense, que expeler el ocre líquido, por no decir echarse una buena meada, a cielo abierto, sobre los centenarios eucaliptos sarmientistas, de la plaza San Martin.

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