martes, 6 de marzo de 2012

COMO CON OTRO.

Me pasa este ultimo tiempo que ando como perdido. Por más que lo intento y lo intento no me puedo encontrar. Y eso que indago a más no poder. Y sin embargo nadie me responde. La gente me mira extrañada cuando le pregunto si no me han visto por ahí y huyen blanqueando los ojos. Más me busco menos me hallo. Salgo por las tardes recorriendo plazas y paseos, buscando una huella, un indicio, una pista que me oriente u occidente según el caso y nada. Lo mas triste es que dos por tres alguien me cuenta cosas mías que desconozco. Hazañas que no son dignas de este. Anécdotas jugosas y sumamente divertidas. Conquistas amorosas memorables. Gloriosos triunfos deportivos. Muchas veces trato de explicar que ese no soy yo, que es otro. Que soy, pero que no. Pero no me entienden. Y en el mejor de los casos se rien diciendo: "Que haces acá de nuevo...no es que estabas en pekín?" ¿Pekin? En la puta vida pisé Pekín. Pero ya no les digo nada. Dejo que todo siga su curso. Algunas veces aprovechándome de la situación, acepté invitaciónes a agasajos en mi honor entre aplausos y palmadas por hechos que desconozco, y hasta en diversas oportunidades me he dejado llevar por propuestas indecentes de señoritas endebles en negativas, que decían ser mis fans, elevando así, aunque fuera por un rato, mi arrastrada autoestíma. La semana pasada mientras ojeaba el diario, buscando mi foto en los titulares, me sorprendió un pequeño recuadro a un costado perdido del matutino que decía lo siguiente: "Encuéntrese a usted mismo. Doctor Berdevere. Vilchez 1547", adjuntando al pié derecho del recuadro, un número telefónico. Sin dudarlo adquirí un turno con tal suerte, que ya al dia siguiente estaba frente al facultativo que me observaba atentamente. Luego de unos minutos indagando sobre mi problema, tenía ya una conclusión. "Mire buén hombre" dejó deslizar con tranquilidad el doctor, "creo tener un diagnóstico. El problema no es usted, sino el otro. Para usted el encuentro sería positivo y enriquecedor, pero para el otro sería todo lo contrario. Es por eso que el huye. No quiere encontrarse con su parte oscura y decadente. Yo haría lo mismo." La lapidaria conclusión del licenciado, hizo que mi presencia frente a él no se extendiera por mas tiempo, por lo que gané la calle sin dar mayores explicaciónes. La tarde estaba fresca. Hay un mecanismos que los seres humanos activamos cuando escuchamos comentarios adversos hacia nosotros mismos. Eso fué lo que activé. Me hice completamente el boludo de ahí en mas. Pero sucedió un sábado por la tarde, que manipulando mi celular y luego de haber jugado casi por tres horas al spring ball, descubrí que había agregado, por cierto manejo descuidado del aparato, mi propio número en la lista de contáctos. También había, quizás por la misma inoperancia, o por una cierta curiosidad que provoca el tedio, llamado a mi propio número con la sórdida sorpresa de que yo mismo me había respondido del otro lado. "¿Hola, quién habla?", contestó una voz que era mi voz. "Si, ¿con quién tengo el gusto?", había luego respondido el otro a mi mismo, indagando desde vaya a saber uno,o el otro, que lugar del mundo. "Si, soy yo, o vos, no sé." A partir de ese momento y desde hace ya un tiempo, converso conmigo mismo, como lo haría con otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario