sábado, 24 de marzo de 2012

UNA TARDE PERONISTA (POR NO DECIR DE SOL)

Retomando cierta tarde de miércoles soleado (por no decir peronista) de una convocatoria efectuada por la producción de la película "Toda la gente sola" hacia mi persona en carácter de actor...de reparto...extra, y mientras tomaba raudo la ruta 8, como quién va pa´ Merlo (Bs As), dejando atrás el hotel en el cuál habíase filmado la escena de la que exitosamente había participado, ya acercándome a la pintoresca rotonda que incluye también a la ruta 33 y a una considerable velocidad sobre mi biciclo motorizado, obviamente portando mi correspondiente casco, haciendo chirriar las llantas sobre el asfalto caliente, todavía con restos de goma de 4x4 quemadas, recuerdos del piquete campestre efectuado hacía ya un tiempo y que seguramente permanecerán para siempre en el inconsciente colectivo de los nóveles activistas, vírgenes de manifestación, pude observar, no sin sorpresa, el inmenso cartel de bienvenida o despedida, según el caso correspondiente a cada automovilista, erigido a la vera de la ruta 8. Que lindo, pensé. Dos íconos del deporte venadense, como lo son Coria y Ciani. Dos verdaderos grandes recibiendo a todos los automovilistas que honraren con su presencia nuestras rutas. Para que tengan los porteños y los cordobeses. No podía ser mas feliz. ¿Que mas pedir en esta tarde soleada? Veloz como una flecha, seguí mi viaje de retorno hacia la urbe en la cual el destino, Dios o mi mamá habían querido que este servidor público de la cultura, naciera. Y entonces fue que ese destino o Dios o mi mamá o quien sabe quién, quisieron, una vez mas, incidir en mi experiencia de vida, asestando en mi humanidad, un contundente golpe, que hizo que despertara de mi ensoñación, descubriendo para espanto mío, que esos dos personajes que recibían sonriendo a la gente que pasaba por mi ciudad, esos dos grandes de verdad, esos referentes y guías sociales, mojones de la cultura y el deporte, esos, no eran venadenses, sino de Rufino. ¡Que decepción! ¡Que tristeza! ¡Que amargura! Juro que de la bronca casi me meto en el "Desvelos". Colaboró en la decisión de no hacerlo, el escaso efectivo que portaba mi billetera esa tarde. Hubiese sido entonces casi exactamente lo mismo que ese cartel portara los rostros de Amadeo Carrizo y de Bernabé Ferreyra, pensé ironizando con mi yo interno E inmediatamente comprendí o creí entender lo finito de la felicidad. Como solo un dato, una mueca o un botón (y no me refiero a ningún policia en particular) pueden hacer que un determinado hecho dado, un mito o una história, se desmoronen en unos pocos segundos. ¿De donde venimos entonces los venadenses? ¿De un repollo? ¿De Paris? ¿La cigueña nos trajo? ¿Un poroto de soja extremadamente comprimido, en un determinado momento, reventó como en un big bang produciendo a Venado Tuerto? ¿Somos producto de una mentira o de un error? A partir de este momento algo en mi vida cambió. No se como volver a creer. Se me cayó la estantería. Mi autoestíma se desinfló como globo mal atado en un cumpleaños inexistente. Creí poseer una identidad, un origen y un sentido. Pero todo se desintegró velozmente esa tarde de sol, ese domingo perdido en el calendario. Una vez mas tendré que hacerme cargo de la situación. ¿Todo lo tengo que hacer yo? Deberé sacar fuerzas desde lo mas profundo de mi ser y alzar las manos invocando al espíritu que nos creó, si es que hay alguno, y reinventar una vez mas esta sociedad. Será lo que tenga que ser. O...igual algo seguro será.

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