domingo, 4 de marzo de 2012

NOMENCLADORES

A lo largo y a lo ancho de mi dilatada vida social, cultural y deportiva, he vivido innumerables experiencias como protagonista fundamental en algunas y como partícipe ocacional en otras. Cuando esta ciudad ha requerido de mis servicios intelectuales, he estado siempre al pié del cañon aportando mis conocimientos en pos de una mejor sociedad. Si bién muchas veces la retribución a estas actividades nunca fue proporcional al trabajo brindado por este servidor, nunca he sacado el cuerpo a compromisos relacionados con lo ciudadano. En una de estas convocatorias, fue con mi amigo Michael Milicich, que participamos de una experiencia inolvidable en nuestro concejo Municipal. La Comisión de Nomenclatura local, integrada por notables ancianos de la ciudad, nos recibía con agrado. ¡Cuánta adrenalina expelida! ¡Cuan emocionante y comprometedor ser el que a una arteria virgen, recién abierta con la champion amarilla, va a bautizarla con algún nombre destacado! Semana tras semana acudimos a la cita con mi amigo, compañero, correligionario, camarada, cumpa, ganándonos poco a poco el afecto de los ancianos componentes del ente nomenclador. Antes de nuestro arribo, y esto salido de boca de sus propios componentes, la nomenclatura se complicaba, porque nadie podia ver en el mapa de la ciudad, las calles. Llegamos a ser partícipes fundamentales en tal tarea, no por aportar algún nombre que mereciera el homenaje, sino porque veíamos bién. "¡Que buena vista tienen estos muchachos!", repetían una y otra vez los nomencladores. "¡Igual que cuándo recién empezábamos con esto y éramos jóvenes!", repetían otros. Toda una vida en pos de la nomenclatura. De sacar del anonimato a una persona y a una calle. Con el anhelo esperansador y trascendente de ser ellos los que alguna vez figuraran en carteles nombrando sendas y calles. Pasadizos y atajos. Callejones y arterias. Religiosamente todas las semanas buscábamos distinguir en el papel que representaba simbolicamente a la ciudad nuevas calles. Cierto dia un honorable integrante pasó a mejor vida sin que nadie se sorprendiera de ello. Y fue que su apellido nunca nombró con su nombre calle alguna. La sospecha nos envolvió a todos como abrazo de oso. Ahí fue que comprendimos que nuestros nombres jamás pasarían a la inmortalidad grabados en los cartelitos azules cielo, de señalización de calles. Supimos también que todo estaba mal. Que meses y meses de nuestro trabajo se habían tirado por la borda por un mal desempeño anterior y lo expusimos con nuestra habitual vehemencia y locuaz oratoria, en una ya recordada sesión del Concejo Municipal. No tuvo grietas nuestra exposicion. Mapa en mano, interrogamos a los azorados ediles, como así también a los pocos participantes del púlico que generalmente acuden a dichas jugosas y enriquecedoras reuniones. "Señores", preguntamos inquisidores: "¿La calle Leóncio de la Barrera no tendría que atravesar el ferrocarril?" "¿Es verdad que en la calle bomberos voluntarios están todos quemados?" "¿Acaso no tendrían todas las iglesias estar ubicadas en la calle Santa fe?" "O por ejemplo, a ver, la calle sargento Cabral, ¿no tendría que morir por San Martin?" "¿Y que hay de verdad en eso que por ahí andan diciendo, de que en la calle Azcoaga viven todos con nauseas?" "O acaso, ¿no es verdad que todos los habitantes de la calle Roca tienen la cara como piedra?" "¿O que en las intersecciónes de las calles Antártida Argentina y Expedicionarios Argentinos al Polo Sur, no vive Ricardo Ceppi?" "¿No les parece acaso que la Usina tendría que estar ubicada en la calle Corrientes?" "¿Los talleres mecánicos no tendrían todos que estar sobre calle Brun?" "Y por ejemplo, se nos ocurre, las calles Los Tilos, Las Acacias, Manzano, Los Plátanos, Los Ciruelos, ¿no tendrían que ser circundadas por Monteagudo?" "Y Cerrito, ¿por que no atraviesa por Lascala?" "Y a la calle Marino, ¿se llega por Goumont?" Y una vez mas sucedió que los que interrogamos, no tuvimos respuesta alguna. Las calles siguen siendo tierra de nadie, destruidas y pocientas. ¿Quién las destruye? ¿Que pié de plomo pisa fuerte agrietando el noble asfalto? Y tuvo que ser un artista el que nos diera la señal. Si, tal como lo dijera el popular cantante yorugua RubenRá: "Calles, calles, rompe el rock and roll las calles".

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